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Hay una tentación en todo Humanismo —su manzana de Eva— que es despreciar e ignorar la Economía como ciencia y —lo que es más grave— como realidad. Tanto yerra quien considere que todo es economía —a la manera del determinismo economicista de Marx— como quien la soslaya en virtud de un espiritualismo que no es humano. Pascal nos lo advirtió con su habitual lucidez en pensamiento contundente: «El hombre no es ni ángel ni bestia, y la desgracia quiere que quien haga el ángel haga la bestia». Y una consecuencia de este posible error humanista es no leer las obras fundamentales del pensamiento económico, dejando su dominio precisamente a economistas que a menudo no tienen en cuenta las exigencias de un Humanismo verdadero, esto es, fiel a la realidad del mundo y del hombre.

Walter Eucken: "Principios de Política Económica"
Walter Eucken: “Principios de Política Económica”. Fundación ICO, Madrid, 2017, 504 págs., 40 euros.

Para evitar todo ello sería muy deseable que acudiésemos a esta obra capital de Walter Eucken (1891-1950), fundador de la Escuela de Friburgo, que acaba de editar con mucha oportunidad y con el mayor esmero la Fundación ICO (Instituto de Crédito Oficial), en cuidada traducción del alemán original y con un esclarecedor estudio introductorio de Santiago García Echevarría, profesor emérito de Política Económica de la Empresa en la Universidad de Alcalá.

Y es que la vida misma de Eucken no se puede entender sin su pronta vocación por lo humano y su conciencia viva de que la crisis histórico-intelectual que vive el siglo XX tenía que causar —como así ha sido— una fuerte conmoción en la estructura política y social, como nos recuerda su viuda en el prólogo.

Hijo del filósofo alemán y premio Nobel de Literatura Rudolf Eucken y de una pintora, se educa en un ambiente humanista por donde desfila lo más granado de las letras y arte alemanes. De joven, su padre le lee a Aristóteles en griego lo que le va imprimiendo en su alma el que iba a ser su leitmotiv en su consideración de la Economía: el respeto y la adecuación aristotélicos a la realidad, relación que estimará perdida en la gran crisis de la Modernidad, también en las ciencias económicas. Con lucidez se remarca en el prólogo citado:

«El hombre tiene que volver a aprender a percibir desde la realidad la ley de su comportamiento. Lo que significa que como actuante debe respetar la naturaleza de las cosas (Sachgesetzlichkeit). Lo que ello significa para la política económica constituye el tema de este libro» (p. 80).

El año que se doctora en Bonn —1914— es el año del comienzo de la Gran Guerra, en la que lucha como oficial en los dos frentes. La experiencia de la contienda le hace ver, como a tantos otros pensadores, el marasmo y la pro- funda crisis espiritual de Occidente. El ulterior Tratado de Versalles le enseña los costes de ignorar la realidad de las cosas, los pueblos y la economía. La hiperinflación alemana, poco más tarde, le muestra las trágicas consecuencias monetarias y sociales de esquemas de política económicas clásicas alejadas del principio de realidad ya comentado.

En 1927 se instala ya definitivamente en la Universidad de Friburgo, donde asiste al advenimiento y consolidación del nazismo con sus políticas económicas específicas. Cuando Heidegger con su militancia nazi accede al rectorado de dicha universidad en el fatídico 1933, Eucken se opondrá a su constitución universitaria nacionalsocialista para pasar a formar parte de círculos de oposición al nazismo liderados por el gran teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer, ejecutado en 1945.

Y es precisamente entre las ruinas todavía humeantes de aquella Alemania, donde Eucken va a pensar los principios de una política económica que tenga en cuenta a las personas y su dura lucha por la existencia con la labor ordenadora y auxiliar del Estado. Una economía tal que aúne eficacia y justicia, orden financiero y orden social, que va a configurar el gran hallazgo germano de la posguerra: la economía social de mercado. La influencia directa y personal de Eucken sobre la figura de Erhardt, ministro de Economía con Adenauer en 1949 y posteriormente canciller en 1963, será una de las claves del desarrollo económico alemán hasta hoy y de la propia UE. Ahí radica, en esta demostración empírica, la «presunción de verdad» que tienen estas páginas.

Y también influirá, de otra manera, en el desarrollo económico español de fines de los cincuenta con el denominado Plan de Estabilización. La recepción en nuestro país de la obra de Eucken, a través de la apertura a Europa que supuso la sociedad «Estudios Económicos Españoles y Europeos» fundada por Larraz en 1950, influye directamente en la construcción económica institucional que se realiza entonces como guía de dicho plan fundamental. Pero sería un grave error circunscribir al pasado alemán y europeo el libro de Eucken que nos ocupa. El mismo autor nos lo advierte en su comienzo:

«Este libro no está dedicado a los problemas diarios. Lo que intenta es influir en la forma de pensar y, por tanto, es una obra a largo plazo. Estoy satisfecho si estas reflexiones provocan nuevas reflexiones y nuevas investigaciones de la realidad y de esta manera despliegan sus efectos en el transcurso de años y décadas» (Walter Eucken, o. c., p. 14).

Precisamente ahora que estamos padeciendo todavía las consecuencias de la crisis económica de 2008, donde la economía financiera se desacopla de la realidad y el dinero cae en la ficción especulativa del laissez faire y que Europa se encuentra inmersa en una encrucijada político-social, leer a Eucken me parece una necesidad perentoria. Su claridad y sencillez expositivas nos permitirán entender muy bien lo que el autor quiere, lo que hay detrás de sus páginas: la búsqueda de un orden económico congruente con el ser de las cosas y la naturaleza del hombre: lo logró Europa con gran esfuerzo y hoy se encuentra tan amenazado como lo está el ser humano. Por todo ello esta lectura será, no lo dude el lector, un gran acto humanista, esto es, de verdadera inteligencia humana.


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