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Entre las escenas más esperanzadoras que se vieron durante la revolución de Egipto destacan los muchos lemas y símbolos de unidad musulmano-cristiana. Su valor es enorme. Pero el Vaticano había venido advirtiendo de la amenaza que se cierne sobre las comunidades cristianas. Y el acoso a los cristianos resurgió.

El recién elegido secretario general de la Liga Árabe, Nabil el Arabi, visitó Roma para reunirse con el papa Benedicto XVI. Las relaciones entre la Santa Sede y la mayor institución del islam sunita en Egipto, la Academia Al Azhar, fueron suspendidas tras el atentado del 31 de diciembre que causó 23 muertos en una iglesia copta ortodoxa de Alejandría. El pasado 7 de mayo, 15 personas morían en enfrentamientos por razones religiosas en El Cairo.

La Liga cuenta con 22 Estados miembros. Su población total es de 360 millones. La segunda religión después del islam es la cristiana con un 6% (más de 20 millones de cristianos que viven en Egipto, Líbano, Siria, Irak, Jordania o Sudán).

Cinco de los seis secretarios generales de la Liga han sido de nacionalidad egipcia. El Arabi, de 76 años, ministro de Asuntos Exteriores de Egipto durante los últimos meses y diplomático veterano, es graduado en Leyes por la Universidad de El Cairo y doctor en Ciencias Jurídicas por la Universidad de Nueva York. Trabajó en Naciones Unidas. Participó en la revolución de enero uniéndose a los jóvenes en la plaza Tahrir. Su antecesor, Amr Musa, en el cargo desde 2001, se retira de la organización panárabe para dedicarse a su candidatura a la Presidencia de Egipto.

Con su nuevo estilo a la vez directo, persuasivo y dispuesto a los compromisos —muy apreciado entre los diplomáticos árabes—, seguirá el camino de Musa, quien ha conseguido aumentar la importancia de la Liga. Asume una responsabilidad difícil en un periodo convulso y subraya la necesidad de unidad para encarar los próximos retos.

De primavera exitosa podemos hablar hasta ahora de Túnez y Egipto. Y solo relativamente pacíficas recordando los 100 jóvenes muertos en un mes de protestas en Túnez y los 900 en 18 días de manifestaciones en Egipto. Es probable que en Túnez las elecciones legislativas para una Asamblea Constituyente sean pospuestas hasta octubre por razones técnicas y para dar tiempo a organizarse a los novísimos partidos laicos y liberales surgidos tras décadas de partido único, ya que la única militancia organizada es la del islamismo tunecino.

Las protestas en Túnez tienen una singularidad con respecto a la vecina Argelia: se trata de un motín de jóvenes profesionales. El mercado laboral no puede absorber el exceso de trabajadores cualificados. En cambio, el poder en Argelia, al igual que en Marruecos, conserva toda la iniciativa de las reformas. Los jóvenes están ausentes aunque son ellos con sus protestas los que obligan al cambio. Por otro lado, la fuerza que puedan recobrar los islamistas preocupa a los sectores secularistas.

Egipto y el ejemplo español

Con el objeto de apoyar la transición democrática abierta y explicar el modelo aplicado en España tras el franquismo, un grupo de diputados ha visitado Egipto. La delegación, encabezada por el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, Josep Antoni Duran i Lleida, se reunió con representantes de partidos políticos y de la Coalición de los Jóvenes de la Revolución, una de las plataformas que lideró la revuelta egipcia en la plaza Tahrir. Duran insistió en que la transición egipcia debe ser corta para que las Fuerzas Armadas en el poder de forma provisional se retiren dando paso a un sistema democrático.

La agenda de reuniones incluyó además de Musa y El Arabi, al líder del grupo islámico de los Hermanos Musulmanes, Saad el Katatni. Los Hermanos Musulmanes forman parte de la escena política egipcia, aunque distan de representar a la mayoría. En este primer encuentro de un dirigentepolítico español y la formación islámica, Duran subrayó la necesidad del diálogo y la vía moderada para separar la religión de la política. Se entrevistaron igualmente con Ayman Nur, líder del partido liberal Al Ghad (El Mañana) y uno de los candidatos en las próximas elecciones generales.

A pesar de la ausencia de partidos políticos consolidados y con una amplia base de simpatizantes, Duran llamó a buscar el consenso una vez haya pasado la criba electoral y queden partidos con auténtica representación parlamentaria.

En este momento el candidato con mayores posibilidades a la jefatura de Estado es Musa. Los otros líderes son Mohamed El Baradei, el antiguo director de la Agencia Internacional de Energía Atómica, y Naguib Sawiris, cristiano copto y presidente de Orascom, la gigantesca empresa egipcia de telecomunicaciones. En un país donde muchos empresarios son corruptos, Sawiris es considerado independiente y competente.

En las elecciones del 19 de marzo el 77% de los votantes (la participación fue del 41%) aceptaron enmiendas a la Carta Magna. Modificaciones con el objetivo, entre otros, de limitar a dos los mandatos del presidente y reducir los requisitos para ser candidato a la Presidencia. El estado de emergencia se limita a seis meses no renovables. El artículo 2 de la Constitución, que la revisión no prevé cambiar, especifica que el islam es la religión del Estado y que los «principios de la ley islámica» son la «fuente principal » de la legislación.

Los partidarios de la reforma limitada —incluidos los Hermanos Musulmanes— aseguran que es suficiente para organizar la transición a un poder civil. Sin embargo, este «sí» constituye un revés para los jóvenes que reclaman la redacción de una nueva Constitución como garantía para la democratización real del país. Las elecciones legislativas previstas para septiembre han sido retrasadas hasta octubre o noviembre. Aún no está fijada la fecha concreta para las elecciones presidenciales. Los manifestantes han vuelto a tomar la plaza Tahrir para pedir a la junta militar y al Gobierno que aceleren las reformas democráticas y juzguen a los responsables del régimen del ex presidente Hosni Mubarak.

Las tragedias de Libia y Siria

En plena crisis regional la Liga tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles: dar luz verde a las potencias occidentales para bombardear a uno de los suyos. La próxima cumbre ordinaria de Bagdad —en un Irak como se pretende ya sin presencia militar norteamericana— ha tenido que ser aplazada para marzo de 2012.

La presencia militar de la OTAN que comenzó con la zona de exclusión aérea amparada en la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, está estancada y la guerra en Libia se prolonga. La operación se ha ampliado con la presencia de asesores e instructores militares sobre el terreno y el anuncio por Gran Bretaña y Francia del envío de helicópteros.

Libia, sin una sociedad civil organizada como Egipto, es el mayor productor de petróleo de África. La apropiación de la riqueza que esconde la dictadura es feroz. Uno de cada tres de sus habitantes está en la miseria, la desocupación es del 30% y el analfabetismo ronda el 20%. A lasdemandas democráticas se unen las económicas y sociales que caracterizan el movimiento en el mundo árabe.

La intervención aliada ha excedido el mandato de la ONU para proteger a los civiles libios —sin derrotar a Gadafi—. La intensidad de los ataques ha provocado duras críticas de los miembros del Consejo de Seguridad Rusia, China, Brasil e India. También la Liga ha protestado indicando que lo que se quiere es la protección de civiles.

El pronto éxito de la guerra en Libia es importantísimo —no solo para la democratización del país— sino para fortalecer la unidad árabe. La Liga ha empezado a desmarcarse del objetivo de una coalición que apoyó en su inicio, señal de que la organización está siendo sometida a división.

La Liga ha sido criticada asimismo por su largo silencio ante los horrores en Siria. Se señala la diferencia con el comportamiento en el caso libio. Se reclama su apoyo abierto a las resoluciones internacionales para investigar las acciones del régimen de Bachar el Asad contra su pueblo.

Hasta hace poco, El Asad parecía tener un mínimo nivel de apoyo. En comparación con lo visto en Túnez y Egipto, las protestas no habían alcanzado las ciudades principales como Damasco y Aleppo. No obstante, El Asad solo ofrece cambios cosméticos que no convencen a nadie y ante el ímpetu asesino del régimen aumenta la decepción popular que no olvidará el derramamiento de sangre. Acciones desesperadas como la de manipular a refugiados palestinos para organizar protestas en los Altos del Golán, en la frontera con Israel, solo resultan en más sangre. El margen de maniobra que le daba la ambigüedad internacional —empeñada en considerlo un reformista que daba estabilidad a una zona explosiva— desaparece por completo.

El eterno problema palestino

Uno de los logros de El Arabi como canciller egipcio ha sido abrir el paso fronterizo de Rafah de forma permanente, debilitando el bloqueo israelí a Gaza y apoyar el acuerdo de unidad entre Fatah, Hamás y otras facciones palestinas. Egipto es un amigo de Israel, si bien ya no lo es de forma incondicional.

La Liga sigue alentando a los palestinos a mantener su idea de acudir en septiembre a Naciones Unidas para defender el reconocimiento de su Estado, a pesar de las críticas del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y del presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Es verdad que la negociación es mejor que la iniciativa unilateral pero está bloqueada ya que las conversaciones con Israel reiniciadas el año pasado han resultado infructuosas.

Netanyahu ha rechazado las demandas palestinas más importantes, como la cesión de Jerusalén Este y la revisión de los asentamientos judíos en Cisjordania. La Liga preparará los documentos para respaldar la postura palestina pidiendo a la ONU su «aceptación» como miembro de pleno derecho: un Estado palestino con las fronteras que tenía en 1967 antes de la Guerra de los Seis Días y con capital en Jerusalén Este.

La actitud de Obama hacia los gobernantes árabes continúa siendo selectiva a pesar de la nueva realidad. Si los movimientos por la democracia tienen éxito, la disposición del gobierno norteamericano a tolerar los excesos de Israel será cada vez más contraproducente. Unos sistemas políticos árabes más representativos se replantearán la cooperación estratégica con Estados Unidos.

La unidad árabe que invoca El Arabi debe servir para encontrar una solución justa del conflicto palestino-israelí a la vez que defiende la reconciliación palestina.

Las particularidades de la situación en el Golfo

Distinta es la situación en los países del Golfo. Estas autarquías tienen mucho que perder si se instaura una novedad republicana, laica y democrática en la región, rica en petróleo.

En países como Bahrein se añade el componente religioso. La confrontación entre suníes y chiíes provoca tensiones. Más del 60% de bahreinis son chiíes; piden una reforma política y abogan por una monarquía constitucional, pero la línea dura pretende derrocar la monarquía suní.

Los suníes (el 85% de los musulmanes) creen que el líder de los creyentes debe ser investido mediante un acto solemne de reconocimiento mientras que para los chiíes queda investido a perpetuidad en la línea de descendencia del profeta Mahoma. El tiempo ha ahondado las diferencias. Los chiíes son mayoritarios en Irán e Irak y el sur del Líbano. Existe una importante minoría en Siria.

En Bahrein, base de la V Flota de la Marina de Estados Unidos y clave de su fuerza militar en la región, la reacción norteamericana ha sido mucho más cauta. El rey Hamad bin Isa al-Khalifa, un aliado crucial, cuenta con el apoyo estadounidense aunque no ha seguido su consejo para negociar con los manifestantes. Impuso la ley marcial e introdujotropas de las vecinas Arabia Saudí, Qatar, Omán y los Emiratos Árabes Unidos gobernados también por suníes.

El secretario general de la organización regional Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG), Abdulrahman al-Attiyah, ha advertido que no se tolerarían interferencias de Irán en la región.

Prueba de la existencia del vacío geopolítico en la zona es la tentativa de estos Estados para incluir a las monarquías de Jordania y Marruecos en el CCEAG a pesar de la significativa lejanía entre ellos. Estas dos monarquías hasta ahora han sabido anticiparse con concesiones de carácter preventivo a la marea reivindicativa, combinando después la oferta de reformas con el control policial para evitar que las revueltas vayan a más.

Yemen, unificado desde 1990 tras largos enfrentamientos, es un país edificado sobre un esquema social tribal. Es el único país de la península arábiga no miembro de la CCEAG. La influencia otomana en el norte y la británica en el sur crearon particularidades que diferencian a los pobladores. Comparte 1.800 kilómetros de frontera con Arabia Saudí, preocupada por la infiltración terrorista y el influjo constante de inmigrantes provenientes del país más pobre del Golfo. Ante el temor de que el caos creciente en Yemen sea aprovechado por Al-Qaeda, Estados Unidos ha incrementado allí la lucha antiterrorista.

La primavera árabe y el mundo

A finales de mayo los países del G-8 aprobaron el llamado «partenariado de Deauville» para apoyar el proceso de reformas de la primavera árabe, además de las del pueblo iraní. En presencia de los primeros ministros de Egipto y Túnez, Esam Sharaf y Beji Caid Essebsi, cuyos países originaron el movimiento de transformación, y el representante de la Liga Árabe, los dirigentes del G-8 apoyaron la legítima apuesta de sus ciudadanos a favor de sociedades abiertas y democráticas, y una modernización económica integradora. Se saludó especialmente el papel desempeñado por los jóvenes y las mujeres.

El partenariado se basa en los dos pilares de apoyo político y económico. En lo político, el G-8 respaldará la transición democrática y las reformas en la gobernanza. En el ámbito económico, se promete ayudar a los países árabes reformistas a modernizar sus economías, apoyando el sector privado, para fomentar la creación de empleo y desarrollar el capital humano. Los países del G-8 se comprometen, sin concretar cifras, a aumentar «sustancialmente » las ayudas bilaterales. Los bancos de desarrollo respaldarán con más de 20.000 millones de dólares (14.140 millones de euros) entre 2011 y 2013 las reformas económicas y democráticas de Egipto y Túnez. Estos 20.000 millones en forma de crédito no incluyen la ayuda ya comprometida. La cooperación se extenderá a la educación y la formación, así como al trabajo con los partidos políticos y las oposiciones que se están formando.

Se espera una normalización de las relaciones árabes con Irán ya que en su corta etapa como canciller egipcio El Arabi abogó para restablecer relaciones diplomáticas. La cooperación de ambos países beneficiará a la región y al mundo islámico. Los lazos se cortaron en 1979 a raíz de que Egipto suscribiera los acuerdos de paz de Camp David con Israel y ofreciera asilo al derrocado Shah de Persia, Mohamed Reza Pahlevi.

El despertar árabe tiene también implicaciones para Asia. Europa necesita un mundo árabe similar a Turquía y en sintonía con sus ideas de mercado y democracia. En este contexto ofrecerá acceso masivo a la inversión y el comercio a sus vecinos del sur. Los países árabes tienen las condiciones demográficas de China y el Sudeste asiático con una enorme mano de obra. Esto puede ocasionar un daño grave a las exportaciones asiáticas.

Conclusión

A diferencia de las democracias, las dictaduras son esencialmente inestables. Las multitudes árabes han demostrado a los dirigentes occidentales que el arma más efectiva contra el terrorismo y el fundamentalismo es la libertad de la opresión.

La primavera árabe es hasta ahora un gran movimiento de reacción contra regímenes dictatoriales y corruptos. Los desafíos de la Liga son garantizar la estabilidad regional con una mayor participación e influencia de Estados más democráticos. Para ello será necesaria una nueva estructura superando su tradicional inoperancia.

Todo está por hacer y los «padres fundadores» tienen que aparecer todavía. Egipto es, de nuevo, vanguardia y escenario fundamental para el futuro árabe. La libertad política, la separación entre religión y Estado, el desarrollo económico justo, la igualdad de la mujer y la tolerancia religiosa son las metas a conseguir.


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Politólogo y jurista