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Muchas veces a Éric-Emmanuel Schmitt, (Francia, 1960), uno de los autores en lengua francesa más leídos y representados de nuestros días, se le ha definido como un hombre orquesta: dramaturgo, novelista, autor de relatos, director teatral y de cine, y profesor de filosofía, además de miembro de la Academia belga de la lengua francesa. Algunas de sus más conocidas piezas teatrales han sido representadas por actores de la talla de Charlotte Rampling, Alain Delon o Belmondo. En 2003, la película, basada en una historia teatral suya, El señor Ibrahim y las flores del Coránprotagonizada por Omar Sharif, sería galardonada con un Globo de Oro.

Éric-Emmanuel Schmitt: "La venganza del perdón"
Éric-Emmanuel Schmitt: “La venganza del perdón”. Alianza editorial, 2018.

En La venganza del perdóncomo ya había hecho en otras ocasiones con ciclos de relatos que tenían un trasfondo común, reúne cuatro historias muy distintas sobre el perdón. El perdón que se concede, el que se reclama o el que uno se niega a sí mismo, pero también a los otros. El perdón que renuncia a la venganza o al resarcimiento. Cuatro excelentes, muy elaboradas y perturbadoras versiones sobre el perdón, que bien podrían clasificarse de cuentos filosóficos o morales. Relatos, de finales casi siempre impactantes, que profundizan en lo mejor y también en lo peor y más sombrío de la naturaleza humana. Pero también en ese turbio mundo de los claroscuros morales en los que surge el dilema: ¿es un error el perdón, una debilidad innecesaria por parte del que lo ejerce?

Cuatro historias sobre la posibilidad o no de perdonar y ser perdonados. En ellas, un mal serpenteante, cambiante, se muestra muchas veces imbatible, imposible de sortear por su tenacidad y por su voluntad de permanencia. Schmitt ha reunido a cuatro personajes implacables, aparentemente inconmovibles: un asesino en serie que sorprendentemente recibe una y otra vez la visita de la madre de una de las quince chicas a las que asesinó, en el relato que da título al volumen; una gemela que envidia desde la infancia su otra versión de sí misma mejorada, su hermana bondadosa que siempre la protege y busca excusas para ella, del estremecedor relato Las hermanas Barbarínun ávido y desalmado hombre de negocios, que de joven, buscando el prestigio entre sus «camaradas» sedujo y dejó embarazada a una joven y simple campesina, a la que en el futuro volverá a abandonar, llevándose por la fuerza a su hijo, un heredero que ahora «necesita», en el relato Madame Butterflyy por fin, una emocionante y delicada fábula, El Principitosobre cómo la literatura y la dulce inocencia de una niña que ama apasionadamente El Principito pueden rescatar de su terco aislamiento a un anciano solitario, antiguo piloto alemán de la segunda guerra mundial.

Cada personaje, sutil y microscópicamente dibujado, es libre. Libre hasta el final de redimirse pidiendo perdón por el daño causado o libre de recibir ese perdón, pocas veces merecido, aceptándolo como una ofensa o como un impertinente recordatorio de un mundo desconocido que se odia y se persigue con saña: el mundo de la piedad y del bien. En cada caso, las lecciones y el proceso de humanización llegan de las más diversas maneras y de los más inesperados personajes.

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(Artículo publicado originariamente en ABC Cultural, reproducido aquí con permiso de ABC)


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