Rafael Alvira

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Catedrático de la Universidad de Navarra. Instituto de Empresa y Humanismo.
Nueva Revista

Olvido de la familia y venganza de la realidad

Con la acostumbrada agudeza italiana, sentenciaba un simpático humorista de ese país que nos es tan cercano: «Esta no es una sociedad de responsabilidad limitada; esta es una sociedad de irresponsabilidad ilimitada». Sin duda una de las principales razones de esta crisis, que lo es tanto como para hablarse de ella sin necesidad de adjetivarla, está muy bien recogida en esta sentencia. Una sociedad, lo mismo que una persona, con sentido de responsabilidad, suele propiciar pocos desastres; y si, por errores nunca evitables del todo, se produce alguno, la sociedad suele responder bien ante la probada buena voluntad de quien se equivocó.Tradicionalmente, se daba por supuesto el valor del soldado, así como la honradez del comerciante. Pero ya apenas quedan soldados —solo mercenarios—, ni apenas comerciantes —solo buscadores de ganancias—. No se puede confiar igual en quien ofrece su vida por la patria que en quien cobra un sueldo por defender al Estado; no se puede confiar lo mismo en quien hace empresa o comercio porque eso es lo que sabe hacer y le gusta, que en quien lo hace por la finalidad primordial de ganar dinero.Cada uno se siente obligado ante alguien o algo que ama de verdad, y, justo por ello, experimenta la necesidad interior de responder, de ser responsable con aquello que le obliga. Una ley o un contrato obligan de verdad solo al que se los toma en serio porque tiene un alto sentido de la persona y la sociedad. Pero la ley y el contrato, en cuanto instrumentos, son pura exterioridad. De por sí no nos empujan a cumplir. Si no nos interesan, intentaremos no cumplirlos, no responderemos a sus requerimientos.Ser responsables en la sociedad implica, por tanto, tomarse en serio la sociedad, con profundo respeto y actitud positiva existencial. Pero, ¿por qué habríamos de hacerlo? El tiempo de vida no es muy largo, tras la muerte ya no estaremos aquí, en este mundo hay mucha variedad de personas y circunstancias, no sabemos bien qué sucederá mañana, etc. Consecuencia: hay que actuar con astucia para flotar siempre particularmente bien en un mar tan proceloso como es nuestra vida.Este modo de pensar se oculta por razones obvias, pero es el dominante en una sociedad individualista. El peligro de enfrentamiento y disolución que lleva consigo se intenta paliar en nuestra sociedad mediante dos recursos: el dinero y el Estado. La propuesta «liberal» se apoya esencialmente en la fuerza del dinero comprendido como riqueza: si todos van teniendo una riqueza suficiente, no habrá problemas, habrá libertad y suficiente paz. La propuesta «socialista» se apoya esencialmente en la fuerza del Estado: si todo está repartido no habrá problemas, habrá paz y suficiente libertad.Es bien patente que ni las riquezas ni el Estado son capaces de generar un verdadero sentido de responsabilidad. No tienen una superioridad sobre la persona que les permita exigirle una respuesta; la persona humana no depende esencialmente de ellos. Nos basta con tener medios para un digno vivir (eso no son riquezas) y con un...

La razón y la fe

La publicación de la Carta Encíclica de Juan Pablo II "Fides et ratio", documento que defiende la filosofía.