Miguel Ángel Garrido Gallardo

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Filólogo. Profesor de Investigación del CSIC (ILLA-CCHS). Catedrático de Universidad. Presidente del Comité Científico Asesor de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR). Editor de Nueva Revista.
Tom Wolfe: "El reino del lenguaje"

Tom Wolfe: “El reino del lenguaje” o de que el mono desciende del hombre

"El reino del lenguaje" parece un reportaje sobre las investigaciones acerca de la capacidad humana de comunicar, pero es también una polémica diatriba contra el mundo académico, lo políticamente correcto y el poder de la apariencia frente a la realidad.

“Homo rethoricus”. La retórica, de moda

La competencia que proporciona la Retórica es, si cabe, más necesaria que nunca. La necesitan abogados y políticos, ejecutivos y comerciales, oradores sagrados y publicistas, profesores y científicos.

Posverdad: qué y porqué de la palabra

Se ha instaurado una cultura sofística donde la Retórica no es una disciplina que comunica la verdad. Todo se reduce a una "retórica" que apunta únicamente a lo verosímil.

Elvira Roca: contra los tristes tópicos

Con esta entrevista nos sumamos a la tertulia universal que ha generado un libro, "Imperiofobia", que es un alegato contra la leyenda negra española (tristes tópicos).

La excelencia como objetivo

El estudio semántico del término "excelencia" invita a repensar el sometimiento del modelo universitario a la lógica empresarial y al marketing.

Cuarenta años en primera página. Conversación con Juan Luis Cebrián

Un diálogo en profundidad a propósito de España y su opinión pública, con motivo de la publicación de las memorias del primer director de El País.

Contra la superficialidad

En nuestras sociedades del sentimentalismo huero y el espectáculo por el espectáculo, la guía de quien presta atención a la interpretación es un seguro contra la superficialidad, el mal de nuestro tiempo. He ahí el legado de Tzvetan Todorov (arriba en la foto).

Olegario González de Cardedal y su “Ciudadanía y cristianía”

El último libro del eminente teólogo, para muchos el teólogo español contemporáneo por antonomasia, es reseñado aquí por el editor de Nueva Revista.

Pablo Iglesias y la poliacroasis

La retórica ha de aspirar no simplemente a convencer, sino a convencer de la verdad, nos explica en este artículo el editor de Nueva Revista.

Cervantes no es posmoderno

Llegamos a los 400 años de Cervantes. Su "Quijote" está escrito en español, lengua y cultura, del siglo XVII. Otro Cervantes, pese a quien pese, no ha existido jamás.

Umberto Eco (1932-2016)

La muerte de Umberto Eco el pasado 19 de febrero ha suscitado innumerables reacciones en todo el mundo. Nos unimos a este coro universal con una nota de nuestro editor, compañero de Eco durante años en el comité ejecutivo de la "International Association for Semiotic Studies".

En defensa del libro impreso: Antonio Barnés y su elogio del papel

En un capitulito por cada letra del alfabeto vamos encontrando invocaciones a múltiples palabras sabias que se han dicho o se pueden emplear en defensa del libro.

Luis Alberto de Cuenca: “Los caminos de la literatura”

Es este volumen un librito mínimo de valor máximo, un prontuario de autoayuda para adquirir la sana pasión por la literatura.
el mito del ranking universitario Nueva Revista

El mito del ranking universitario

«Excelencia» es la palabra más recurrente en los debates sobre la enseñanza universitaria y sobre su reforma. Y los rankings se han convertido en un elemento ineludible para medirla. Detrás de todo esto, sin embargo, se esconde la preocupante adaptación de la universidad a la lógica de la eficacia empresarial y el marketing. Para Miguel Ángel Garrido es necesario hablar de eficiencia y propone informes contextualizados para determinar si la universidad cumple o no sus objetivos.

Don Bosco bajo el prisma de Ángel Expósito

Visto desde hoy, san Juan Bosco es uno de los más grandes fundadores de la Iglesia católica y el más grande, sin duda, del siglo XIX.

La obra literaria de Teresa de Jesús

La obra escrita de la santa de Ávila goza de una universal aceptación. Atendiendo a que su origen está en una cuenta de conciencia para su confesor, el autor se plantea cuál es la razón de ser de la literatura en general.

El aborto y los votos

El presidente del gobierno de España y presidente del PP, Mariano Rajoy Brey, anunció el 23 de septiembre de 2014 que renunciaba a llevar al Parlamento la nueva ley del aborto cuyo proyecto había encargado al ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, y que se había ya aprobado en Consejo de Ministros. Esta ley debería haber sustituido a la impuesta por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, llevada a cabo por la ministra Bibiana Aído. La razón que ha dado para esta decisión de incumplir una promesa electoral clara (aunque no literalmente expuesta) del programa del PP es que no es «sensato» afrontar una ley de tanta envergadura sin «consenso», lo que provocó la dimisión del ministro y no pocas perplejidades en la ciudadanía de todo signo. Transcurrido ya un tiempo, puede ser oportuno examinar las causas y consecuencias de tal decisión. Vamos a decirlas sin calificarlas. La calificación, póngala la persona que nos lea. El trasfondo doctrinal que sustenta la apuesta por una u otra ley es claro: la ley de indicaciones o supuestos que se iba a restaurar parte de la convicción de que la eliminación de un ser humano concebido, aunque aún no nacido, es una tragedia a la que hay que hacer frente, pero tolera ciertos casos, teniendo en cuenta que en una sociedad con el nivel moral de la nuestra, de no hacerlo así, podría ser peor el remedio que la enfermedad. La ley de plazos (como la vigente) supone, en cambio, que la eliminación del no nacido es un derecho de la mujer («nosotras parimos, nosotras decidimos») ante el cual no merece especial atención la protección del no nacido ni la opinión del padre de la criatura ni de nadie en particular. Eso sí, todavía no se ha llegado a la fórmula de la antigua Esparta en la que se podía despeñar a los recién nacidos defectuosos por el monte Taigeto, y se admite una cierta ordenación del hecho (los plazos). Sin duda, se trata de dos posturas entre las que no cabe consenso. Lo del consenso puede referirse también al plano internacional. Pero cuando Rodríguez Zapatero convirtió a España en el cuarto país del mundo que otorgaba el nombre de matrimonio al contrato de convivencia homosexual, solo tres países de los doscientos del planeta (y ninguno de nuestro entorno) tenían una legislación así. Y siguió adelante. No querer diferir de la mayoría de los países de nuestro entorno en la opción pro vida, sin más ni más, prefiriendo en este asunto el modelo de Francia o el Reino Unido al de Polonia o Irlanda, certifica una dependencia del otro contraria al ejemplo que acabamos de ver y que causa estupor a quienes piensan que la coherencia es un valor. Como se recordará, la primera ley del aborto en la democracia se promulgó por un gobierno del socialista Felipe González y era una ley de supuestos con la que se convivió durante los gobiernos de Aznar hasta la sustitución por la ley de plazos de...

Octavio Paz, crítico literario

Algunos han escrito libros memorables de teoría literaria (Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Borges), pero en nadie como en Paz esa condición es tan significativa.

George Steiner ante “El silencio de los libros”

Después de un repaso a la historia de la cultura engarzada con la historia del libro, se pregunta Steiner cómo mantener en el futuro esas riquezas que suponen el libro y la literatura.

La Biblia, el mayor y el mejor conjunto de relatos

He aquí la primera obra por excelencia (y orden de antigüedad) de la Biblioteca de Occidente, el libro que define la noción misma de texto.

Joseph Ratzinger/ Benedicto XVI, Jesús de Nazaret

 ]Las listas de libros más vendidos de medio mundo están situando en estos días La Infancia de Jesús en el número uno. Decenas y decenas de miles de ejemplares se están vendiendo en todos los formatos e idiomas, aún antes de que Joseph Ratzinger anunciara la inusitada decisión de renunciar al pontificado para convertirse en papa emérito, lo que añade tal vez un plus de atractiva novedad para comprar la obra, aunque la verdad es que los otros dos tomos de la vida de Jesús, publicados precedentemente, también habían conocido récords de ventas.Sea como sea, quiero llamar la atención sobre el hecho de que, concluidos los tres tomos de este Jesús de Nazaret, nos encontramos ante una obra excepcional, por su autor, por sus lectores, por su texto.EL AUTOREn cuanto al autor, hay dos en uno: aparece con doble denominación, la del teólogo y la del papa. No es necesario recordar que los papas, al acceder a la silla de Pedro, tradicionalmente se abstenían de sustentar posiciones teológicas todavía en discusión y se autoimponían anunciar solamente la doctrina dogmática o, al menos, la común. Ratzinger, antes de ser elegido papa, había concebido escribir esta obra, llena de cuestiones opinables, tal vez en la placidez de un retiro como jubilado que nunca le llegó y como corolario imprescindible de toda una vida dedicada a la investigación teológica. ¿Cómo no concurrir con su voz a la serie de obras fascinantes que presentaban a Jesús de Nazaret a partir de los evangelios y que fueron ya lecturas de su infancia? Y, en efecto, concurre, señalando expresamente que, aunque el autor sea en ese momento el papa Benedicto XVI, la responsabilidad de lo escrito es exclusivamente del particular Joseph Ratzinger: «por eso, cualquiera es libre de contradecirme» (I, p. 20).Y así emprende un objetivo en el que tiene sumo interés: componer un acercamiento propio a Jesús que parta de lo que quisieron decir quienes escribieron los textos que hablan de él, pero sin descuidar el vínculo que guardan esas palabras con su interpretación en el marco de la Fe. Quienes alejan el Cristo histórico hasta una nebulosa, cuya relación con la lectura que nos propone el Cristo de la fe es cuando menos inconcreta, dejan verdaderamente sin sustento al Cristo de la fe (convertido casi en un fantasma). Hay autores que, partiendo de que todo lo milagroso es imposible, tienen que aducir complicadísimas e inverosímiles explicaciones para textos que acaso simplemente cuentan, con la sencillez propia del testigo, un hecho excepcional. En este punto aparece Ratzinger, agradecido a los adelantos que nos ofrecen hoy la crítica histórica, el conocimiento de los géneros y la historia de las formas, pero sin los prejuicios que en ciertos autores vuelven incompatibles con el conocimiento de la fe hallazgos que son en sí mismos plausibles.]El autor es un apasionado de la verdad y esa condición le aleja de todo integrismo y de toda veleidad. Al iniciar el segundo volumen leemos que «es para mí un motivo de...

Este otro Menéndez Pelayo

El 19 de mayo de este año de 2012 se ha cumplido el centenario de la muerte de don Marcelino Menéndez Pelayo, la figura central de la historia y crítica de la cultura hispánica de los dos últimos siglos. Casi nadie, suplementos de letras, organismos académicos, fundaciones de cultura, se ha querido acordar de la efeméride. Si acaso, el día de la fecha, alguien, rememorando su impetuosidad y actitud políticamente incorrecta donde las haya, ha osado algo así como una antología del disparate. La Real Sociedad Menéndez Pelayo, en su condición de cátedra de la UIMP de Santander, nos ha convocado a unos cuantos a un congreso en el palacio de la Magdalena, que se celebrará entre los días 3 y 7 de septiembre. Menos mal.Aunque nadie se quiera acordar del prócer, yo he tenido que frecuentar en los últimos años su biografía y su obra porque sucesivamente me han ido pidiendo un estudio del polígrafo santanderino para el Diccionario de Literatura española e Hispanoamericana de Ricardo Gullón, la Historia de la Literatura Española dirigida por García de la Concha, el Diccionario de Críticos Literarios Españoles del Siglo XIX, coordinado por Baasner, y el Diccionario Biográfico de la Real Academia de la Historia. En fin, donde ha sido imprescindible. Y no tendré más remedio que repetirme ahora.Veamos. Menéndez Pelayo fue polémico, intemperante, erudito, sabio y trabajador infatigable. Todo esto se empieza a ver muy pronto en su biografía. A los diecisiete años, siendo estudiante en la entonces Universidad Central de Madrid, tiene un encontronazo con el catedrático de Metafísica, el krausista Salmerón, quien había anunciado que suspendería a todos los alumnos. De la correspondencia de Menéndez Pelayo con sus padres cabe deducir un innegable sectarismo por parte de Salmerón, pero también la intransigencia que caracterizaría muchas de las actuaciones del joven Marcelino. Para terminar la carrera sin pasar examen con Salmerón, se presenta en septiembre en la Universidad de Valladolid, donde encuentra en el tribunal a Gumersindo Laverde, quien, desde este momento y hasta su muerte en 1890, había de ejercer una influencia decisiva en el joven colega a través de una amistad tejida de una admiración sin límites del profesor hacia Menéndez Pelayo y un reconocimiento y afinidad ideológica de este hacia el catedrático.Se doctora en 1875 y como no tiene aún la edad para presentarse a oposiciones, solicita y obtiene pensiones para viajar por el extranjero, del Ayuntamiento de Santander (1875), la Diputación montañesa (1876) y el Ministerio de Instrucción Pública (1877). Así, en 1876 recorre diversas bibliotecas de Portugal e Italia y en 1877 las de Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia, Venecia, Milán, París, Bruselas, Amberes y Amsterdam. Con excepción de otra visita que realizó a Portugal en 1883, estas son sus únicas salidas al extranjero, aunque durante toda su vida estuvo en contacto con una numerosa pléyade de intelectuales de todo el mundo. Estaba muy lejos de la actual era del turismo científico.Bien pronto empieza con la actividad de polemista católico que lo caracterizará para siempre....

Mario Vargas Llosa: La Civilización del espectáculo

Alfaguara, Madrid, 2012, 226 págs., 17,50 eurosCon la cultura, como con otras muchas cosas, pasa aquello que decía san Agustín a propósito de qué sea el tiempo: si no me lo preguntas, lo sé, mas si me preguntas, no lo sé. Pero, aunque sea con la imprecisión con que operamos sin contestar la pregunta, la decadencia de la cultura es una sensación permanente que vive en las élites, de los Padres de la Iglesia a nuestros días, pasando por el más próximo antecedente del premio nobel T. S. Eliot a quien invoca Mario Vargas Llosa en las palabras liminares de este volumen. La confusión de valor y precio es ahora consecuencia de una civilización en que lo significativo es el espectáculo que vende el producto y no el producto mismo vendido. No diría yo que no haya algo de esto mismo en la composición de este volumen, que aprovecha una serie de artículos publicados por el ahora laureado Vargas Llosa en el diario El País estos últimos años y que, convertida en libro mediante un tejido conjuntivo que le otorga el grueso superior a las 200 páginas, se vuelve ipso facto mercancía vendible, nada menos que la reflexión sobre la cultura contemporánea del más reciente premio nobel de literatura. Apresurémonos a decir que la integración de las partes en un todo constituye verdaderamente un libro nuevo y hace descubrir relaciones que no se les hubieran ocurrido al lector de los diez artículos aislados que se reproponen como antecedente. Algo así hizo Dámaso Alonso en su libro de Poesía española, que convirtió en referencia de escuela el resultado de una serie de conferencias sueltas que había pronunciado previamente en una gira americana. Después de todo, que la propia operación de marketing pueda servir de contraejemplo de lo que se postula o, mejor dicho, de confirmación de lo que se denuncia no es apenas, si lo es, más que una pequeña incongruencia de las muchísimas que componen la conducta de cada día de cualquier ser humano.Muchos estaremos de acuerdo con Vargas Llosa (y con Georg Steiner y Harold Bloom y tantos otros) con que la banalización de la cultura no lleva a ninguna parte. Si es lo mismo una receta de cocina que el Quijote, apaga y vámonos. Sobre todo, si esto de la banalización se aplica a todo, igual a la sexualidad humana que a la religión. Siendo así que, según el agnóstico Vargas Llosa, «la única manera como la mayoría de los seres humanos entiende y practica una ética es a través de la religión» (pág. 43), el fenómeno resulta inquietante.La manifestación de la epidemia en su forma actual, que tiene mucho que ver con un uso degrado de los modernos medios de comunicación social se incubó bien entrada la segunda mitad del siglo XX cuando todavía París era la capital cultural del mundo, de modo que el relato de Vargas Llosa, rastrea los orígenes en nombres, que son autores de cabecera para la gente de su generación y...

La Biblioteca de Occidente

La Universidad Internacional de la Rioja (UNIR) tiene previsto organizar un congreso mundial titulado LA BIBLIOTECA DE OCCIDENTE EN CONTEXTO HISPÁNICO, iniciativa que no se puede calificar de original, pero que me parece ser muy oportuna.Transcurrida ya la primera década del siglo XXI, podemos certificar que dos instancias importantísimas de nuestra cultura tradicional y, en concreto, de la herencia cultural que nos dejan los dos últimos siglos XIX y XX, se ven particularmente asediadas y, según algunos, en trance de desaparecer. Me refiero a la literatura y al libro.La literatura —lo he dicho ya en múltiples ocasiones— es una noción que está vinculada al asentamiento definitivo de la civilización de la imprenta. El hecho de que el término «literatura» no aparezca, en la acepción en que hoy lo entendemos, hasta la obra de Madame de Stäel sobre la Literatura considerada en relación con las instituciones sociales, de 1800 (en realidad, hay una pequeña edición de 1799, pero todos los especialistas citamos la segunda porque queda más redondo), se debe a que la inercia cultural no vinculaba necesariamente con la escritura el he-cho humano de que haya personas a las que les gusta contar cosas y transmitir sentimientos y que haya otras a las que nos gusta que nos cuenten historias y nos comuniquen sentimientos. Cuando tal función se llega a cumplir de forma abrumadora a través de las litterae (letras, cartas, cosas escritas), «la creación (poesía) hecha con palabras», que decía Aristóteles, se convierte en literatura. Hasta tal punto que, cuando se habla de una ocasión en que el fenómeno no se produce así, empleamos el oxímoron literatura oral. Toda la tradición de la poesía (creación) nos ha llegado a nosotros como literatura.Así las cosas, la literatura toma algunas de sus características del modo de comunicación de que se sirve. No se trata de un emisor que habla a un receptor acerca de algún referente y que interactúa con su interlocutor en una secuencia sin cierre previsto. Por el contrario, la comunicación literaria cristalizada en un libro no espera contestación, sino acogida. Según decía Blanchot, un libro que no se lee es un libro que no existe. A la primera iniciativa del autor le corresponde la iniciativa diferida del lector. Cuando se produce la comunicación, esta es utópica, ucrónica y descontextualizada, no se ve condicionada por el lugar, ni por el tiempo ni por las circunstancias de su emisión originaria. Como comentaba Fernando Lázaro Carreter en un artículo memorable, la muerte de Ignacio Sánchez Mejías en la plaza de Manzanares (Ciudad Real) cantada en la elegía de Federico García Lorca no tiene nada que ver con la crónica taurina del día, que contaba la desgracia. Queda ahí, como un sentimiento plasmado para ser revivido por no se sabe quién en no se sabe qué lugar ni en qué momento.La literatura va ligada a la noción de libro o equivalente. El periódico y, menos, la carta no tienen por lo general ese carácter de definitivo que está detrás del fenómeno...

Kurt Spang: El arte de la literatura

El arte de la literatura. Otra teoría de la literaturaEUNSA, Pamplona, 2010, 334 págs., 21 €.Me parece a mí que la palabra clave del título de este nuevo libro de Kurt Spang es otra. En efecto, tenemos innumerables tratados y manuales de teoría de la literatura, especialmente desde que la expresión en cuanto tal hizo fortuna allá por 1950 y hasta hoy, pero últimamente la cosa se ha liado tanto que pocos se atreven a poner en el título de un libro El arte, así, en seco. El libro de Jonathan Culler, Literary Theory, por ejemplo, afirma en 1997 que «la teoría no es un conjunto de métodos para el estudio literario, sino una serie no articulada de escritos sobre absolutamente cualquier tema : incluye obras de antropología, cinematografía, filosofía, filosofía de la ciencia, gender studies, historia del arte, historia social y de las ideas, lingüística, psicoanálisis, sociología y teoría política».Kurt Spang, en cambio, se propone estudiar la literatura como una realidad cultural, dentro del apartado que se llama arte, en el sentido estético del término y no en el etimológico de técnica a la que nos referimos cuando hablamos, por ejemplo, de que un alfarero domina el arte de hacer botijos.La literatura no es solamente un proceso de comunicación, pero la semiótica ha subrayado en el siglo pasado que se da en el proceso de comunicación y el tal proceso supone una línea continua en uno de cuyos extremos hay indudables obras de arte y, en el otro, obras indudablemente no artísticas. En medio, hay de todo. Obras artísticas que no han recibido esa calificación por impericia de los lectores y obras inartísticas que, en determinadas condiciones, han sido objeto de una hiperlectura estética. De aquí ese totum revolutum en que se mete sin discernimiento la literatura junto con la publicidad, el texto etnográfico o el experimento discursivo más peregrino. Como todo ello viene como anillo al dedo al relativismo imperante que deriva de la crisis del sujeto, resulta que una obra que trata de la literatura propiamente dicha, del «arte» de la literatura, sea verdaderamente «otra» en relación con lo que se estila.Empezando con orden, por lo primero, que es por donde, según Aristóteles, se debe empezar, Spang estudia en la primera parte (pp. 9-68) la noción de cultura, deteniéndose en el análisis de los trascendentales: la unidad, la verdad, la bondad y la belleza para concluir con una premisa necesaria de todo estudio de la literatura en sentido estricto: «Sin volver a lo uno, lo verdadero, lo bueno y lo bello, la cultura y los que deberían poseerla y ponerla en práctica van perdiendo los estribos. La labor de los docentes es la de mentalizar a sus discípulos llamando la atención sobre el peligro que corren y la importancia y la urgencia del dominio y la difusión de unos criterios culturales sólidos» (p. 68).O sea, que Spang proclama a los cuatro vientos lo que no deja de ser un enunciado irrefutable: si se prescinde de...

¿Cómo interpretar la literatura?

Dentro de la comunicación literaria, muchos dudan hoy de que existan garantías de que el receptor entienda lo que dice el emisor, ni de que el texto diga lo que el emisor quiso decir, ni de que el receptor entienda lo que el texto dice. La interpretación depende de una complicada malla de relaciones.

La obra artística de Fisac, Asuara y Stolz

 Habrá pocos lectores a los que no suene el nombre de Fisac como uno de los arquitectos de referencia en todo el siglo XX español a partir de la década de 1930, serán muchos menos los que hayan oído hablar de la obra escultórica de Adsuara y la pictórica de Stolz. Solamente los que, por alguna razón, han tenido un conocimiento muy directo de la Iglesia del Espíritu Santo, sita en la calle de Serrano de Madrid, entre la sede de la Presidencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Instituto Ramiro de Maeztu, sabrán que en ella se encierra un programa integrado de arte religioso, obra de estos tres autores y que merece atención por muchos motivos.Un reciente libro del historiador y sacerdote Fidel García Cuéllar, muy ligado por mucho tiempo a esta iglesia, suministra toda la información que se pueda requerir acerca de esta obra artística y sus circunstancias. Se titula La Obra artística de Fisac, Adsuara y Stolz en la Iglesia del Espíritu Santo y está publicada en 2007 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en un volumen de 313 páginas (apéndice documental y bibliografía incluidos) en papel couché con numerosas fotografías de excelente calidad.]La construcción de este templo tiene su historia. Acabada la guerra civil española (1936-1939), el nuevo régimen de general Franco se plantea cómo continuar la promoción de la ciencia y la cultura que estaba ligada en tan gran medida a las iniciativas de la Junta para Ampliación de Estudios (JEC) fundada en 1907 por Real Decreto de 11 de enero, firmado por el ministro de Instrucción Pública, Amalio Gimeno. Cabe señalar que la inmensa mayoría de los intelectuales que estaban dando vida al proyecto había marchado al exilio y que la ideología que los sustentaba se alineaba claramente dentro de los márgenes de la España republicana perdedora. La decisión, como se sabe, fue continuar aquellas iniciativas con nuevo nombre y nuevos supuestos, naciendo así el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Desde entonces, hay dos posibles interpretaciones historiográficas: la que considera el Consejo una especie de lamentable continuación fraudulenta de la Junta y la que reconoce que, en aquella España de posguerra y «ardor guerrero», la iniciativa exitosa de José María Albareda ante el ministro de Educación Ibáñez Martín, en pro de la continuidad, evitó lo que hubiera sido un desastroso alejamiento de estas tareas por parte de España. En 1939 existían en los Altos del Hipódromo o, como los llamó Juan Ramón Jiménez, «Colina de los Chopos» una serie de edificios limitados por la calle del Pinar, la de Serrano y la de Vitruvio. Eran el Museo de Ciencias Naturales, construido entre 1881 y 1889 por F. de la Torriente, los cinco pabellones de la Residencia de Estudiantes, construidos por el Ministerio de Instrucción Pública a instancias de la JAE entre 1913 y 1922 sobre proyecto de Flores y Luque, el Instituto Rockefeller de Ciencias FísicoQuímicas, obra de Lacasa y Sánchez Arcas, el InstitutoEscuela de Enseñanza Media, realizado por...

Política lingüística: mucho ruido y pocas nueces

Artículo sobre el IV Congreso Internacional de Lengua Española en el que se analizó la situación del español en el mundo.

Gadamer y la crítica literaria

Reseña biográfica de Gadamer, uno de los filósofos fundamentales del S.XXTengo como mayor e inmerecida distinción académica la de ser compañero de Gadamer en el Consejo Científico de la Enciclopedia Italiana delle Scienze, Lettere ed Arti. Así lo dije cuando tomé posesión de mi puesto en el Istituto Treccani pues, por razón del orden alfabético, ocupaba el lugar contiguo al del maestro. Su desaparición me sigue dejando en ese Consejo rodeado de sabios a los que debo veneración, pero me priva de un halo que, no por totalmente ajeno a mis méritos, me acompañaba menos.Desde que ocurriera su fallecimiento, el pasado 13 de Marzo, he seguido los comentarios que ha hecho la prensa de los principales países sobre la significación de Gadamer como uno de los filósofos fundamentales del siglo XX. Les sobra razón. Precisamente en estos días andaba leyendo la traducción recién publicada en la editorial Sigúeme de su antología de 1997. Es un libro breve, pero suficiente para vislumbrar la inmensidad filosófica del autor de Verdad y Método. Puedo decir que lo ajustado de este juicio es para mí una evidencia recientemente renovada.No obstante, creo que es preciso hacer más explícita la importancia que, para la crítica literaria académica de nuestros días, ha tenido la aportación del padre de la hermenéutica actual. Que los sentidos literal, alegórico, tropológico y anagógico hayan pasado desde su exclusiva aplicación tradicional a los textos bíblicos a la crítica literaria tout court es mérito, en primer lugar, de Gadamer.Ciertamente podemos evocar antecedentes. Dante reivindicaba una aplicación de estos criterios para la interpretación de su obra poética; antes, los textos antiguos griegos y latinos (Virgilio, Ovidio...) se interpretaban así, según nos recuerda Domínguez Caparros en su excelente libro de Credos. Desde el XVIII en adelante la lectura interpretativa no ha dejado de estar atendida de una u otra manera.Es en el siglo XX, sin embargo, cuando Wilhem Dilthey abordará la hermenéutica de un modo sistemático, distinguiendo entre «comprensión» (Verstehen) y «explicación» (Erklären). La comprensión, la anticipación sobre el significado que hay que atribuir a los signos integra la indagación hermenéutica. Sobre este punto, a Dilthey seguirá Heidegger, maestro de Gadamer.Gadamer desarrolla el concepto de Horizontverschmelzung («fusión de horizontes») que será el inicio de la hipótesis del «horizonte de expectación» propuesto por la de la Estética de la Recepción y que ha resultado tan fructífero para el estudio de los géneros literarios como compromiso entre loque es esperable por los lectores y lo que ofrecen los autores. Jauss, Iser, Hirsch son nombres punteros de la crítica literaria, ampliamente deudores de Gadamer. Paul Ricoeur ha ligado plausiblemente la vía hermenéutica gadameriana con ¡os instrumentos de la poética y la retórica literaria.Para el español estudioso de la literatura, el afán por descubrir el verdadero significado de los textos no va ligado únicamente al nombre de Gadamer. En nuestra tradición están presentes, desde Sleiermacher a Spitzer, pasando por Théofil Spoerri y llegando hasta nuestro Dámaso Alonso. Tampoco la nouvelle critique del siglo XX dejó de tener representantes...

Investigacion cientifica y lengua española

Se abordan tres aspectos diferentes, pero concatenados estre sí: el problema de la escasez de producción científica publicada en español; la cuestión de la investigación científica sobre lengua española; la contribución que podrá ofrecer el Instituto de la Lengua Española.Me propongo ir al encuentro del enunciado del título en tres aspectos diferentes, pero concatenados entre sí: el problema de la escasez de producción científica publicada en español; la cuestión de la investigación científica (lingüística, semiológica) sobre lengua española; la contribución que podrá ofrecer el Instituto de la Lengua Española (ILE) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) a la atención de las necesidades que cabe mencionar en los dos primeros apartados.IEs bien conocido el hecho de que, ante la desbordante producción de escritos sobre ciencia que caracteriza el mundo académico actual, la selección de lo que resulta imprescindible se realiza clasificando las revistas por categorías según unos criterios más o menos sólidos o discutibles, pero que tienen la virtud -la función crea al órgano- de ir convirtiéndose en indicadores de calidad. Si un científico ha conseguido un hallazgo que juzga importante, luchará para que aparezca en una revista a la que acuden necesariamente los que tienen capacidad de calibrar esa importancia, y así es como la revista en cuestión acaba recibiendo lo más relevante de la producción mundial. Todo el mundo de la ciencia sabe lo que significa publicar en Nature o Science.Es notorio que esas revistas de referencia se escriben en inglés, de modo que los científicos españoles tienen que publicar en esa lengua -la actual lingua franca de la investigación- para poder estar presentes en el concurso internacional.En un reciente trabajo publicado en Arbor (ns 653, mayo de 2000, págs. 1-15), recogí una tabla de la producción científica medida en publicaciones controladas por el Institute for Scientific Information (ISI) de Philadelphia (Pennsylvania, EE UU), correspondiente al período 1993-1997. El total de trabajos publicados de todas las áreas, entre cuyos autores al menos uno tenía su sede institucional en España, fue de 79.047. En ese momento y según esa referencia, el peso mundial de las publicaciones científicas nacionales representaba el 2,37% de las publicaciones científicas del mundo y otorgaba a España el undécimo lugar en la correspondiente clasificación.Acudamos ahora al trabajo publicado por los miembros del Centro de Información y Documentación Científica del CSIC, Elena Fernández, Luis M. Plaza, Adelaida Román, Consuelo Ruiz y M. Carmen Urdín en el Anuario del Instituto Cervantes de 1998 (págs. 257-298). En este escrito, los investigadores del CINDOC consultan en algunas de las principales bases de datos de ciencia y tecnología las cifras correspondientes a los trabajos publicados en idioma español en el período 1992-1996. Los resultados son los de la tabla siguiente.Según estas cifras, la producción de artículos en español representa aproximadamente el 5%o de la producción total. Además, deberíamos matizar estos datos a la baja, teniendo en cuenta que casi la mitad se encuentran en la base Medline y que ésta base, junto a Biosis y CA, acumulan el 90%...

La Semiótica en mil palabras

Significado y uso de la semiótica. Su historia y evolución en el mundo.