Juan José Pons Izquierdo

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Investigador del Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio. Universidad de Navarra.
Nueva Revista

El paisaje como lugar de encuentro para la ordenación del territorio

El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada de partes iguales de instinto y de cultura. Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar, 1951En las últimas décadas España ha vivido —en palabras de García Bellido— un verdadero «tsunami urbanizador» que ha llevado a aumentar el espacio construido con una intensidad desconocida hasta ahora. Si bien la superficie artificial del país es de solo 10.174 km2 (algo más del 2 % del territorio nacional), lo cierto es que en apenas veinte años —entre 1987 y 2006— esta ha crecido en más de un 50 %, según documenta en 2010 el Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE).La presión urbanizadora ha afectado sobre todo a Madrid, a los dos archipiélagos y a las costas, donde se ha llegado a valores muy superiores a los de periodos anteriores. Con todo ello, España ha sido uno de los tres Estados europeos, junto con Irlanda y Portugal, donde más se ha expandido lo urbano, en detrimento de los espacios naturales —el litoral y las áreas forestales, en particular— a razón del 1,9 % anual, muy por encima de la media europea de 0,68 %. Las razones de esta eclosión del cemento están en la transformación del modelo urbanístico de ocupación vertical a horizontal, tendencia que se manifiesta de manera acusada en Madrid y las regiones costeras. Estos cambios se inician en el Mediterráneo —la franja mediterránea tiene un 34 % de su primer kilómetro costero ocupado por superficies artificiales— y posteriormente, se extendieron de igual manera en el litoral atlántico y cantábrico.Del crecimiento urbano —que no es la única amenaza hacia el territorio, aunque sí quizás la más importante y reconocible— se desprende un notable deterioro natural y paisajístico del territorio que, como señala Josefina Gómez Mendoza en el Atlas Estadístico de las Áreas Urbanas en España 2006, «es un recurso inelástico, no renovable, irreproducible, frágil y además estratégico y no un simple soporte de actuaciones residenciales, viarias o productivas».La crisis económica actual parece haber dado una tregua a este crecimiento desbocado del espacio urbanizado, ya que ha truncado el desarrollo de numerosos proyectos basados en el sector de la construcción, tanto de carácter residencial como de obra pública.Con la vista puesta en un futuro de recuperación de la economía y el empleo, cabe albergar la esperanza de que la dramática situación que actualmente atravesamos no solo habrá servido para retrasar un tiempo la ejecución de esos planes, sino que también puede ayudarnos a replantear las bases sobre las que se ha asentado ese rápido crecimiento del pasado y corregir así sus errores. De esta manera, se podría avanzar hacia un escenario que ponga en valor el verdadero significado social del territorio, patrimonio común de todos los ciudadanos, lo que implica la necesidad de una mayor responsabilidad pública y privada en su gestión.Sin embargo, la crisis también presenta desde el punto de vista territorial algunas incertidumbres. En especial,...