José María Beneyto

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Abogado. Diputado del Partido Popular
Nueva Revista

Preámbulo

Decía Ortega que la realidad es permeable. Dúctil al conocimiento, a la estructura dinámica e interactiva que se genera permanentemente entre el individuo y su entorno, su «circunstancia». ¿Cuál es la circunstancia con la que debemos contar en los próximos años, qué tendencias de futuro se vislumbran en el horizonte inmediato? Para analizar la realidad en la que nos estamos moviendo, es preciso verla en su perspectiva, en su kairós, y sentar las bases para obrar en consecuencia.No puedo por ello sino coincidir plenamente con Alejandro Llano cuando afirma en este número de Nueva Revista dedicado a reflexionar sobre nuestro futuro próximo que lo que necesitamos en España es una «cultura de lo nuevo». Un pensamiento vital y lúcido que no ceda ante los agoreros y los cinismos de uno u otro signo; tampoco ante la hipercrítica que acaba siendo autodestructiva porque se alimenta de una innecesaria dosis de frustración. No. Resulta patente que como pueblo somos capaces de remontar las situaciones más desfavorables. La omnipresencia de la crisis parece en ocasiones no dejarnos ver todos los elementos positivos con los que cuenta este país, y que cualquier mirada desapasionada desde el exterior confirma enseguida: una extraordinaria historia y cultura, una lengua universal, una presencia empresarial de peso en los cinco continentes, un capital humano de primer nivel, unas incomparables dotes para imaginar soluciones con rapidez y creatividad..., incluso, a pesar de su indudable necesidad de modernización y adaptación, unas instituciones que han hecho posible el mayor periodo de estabilidad y prosperidad relativa de nuestra historia.Esas instituciones y ese sistema político precisan de una acelerada remoción y capacidad de innovación si pretendemos que sigan siendo eficaces. Los nubarrones que se ciernen sobre el horizonte son bien ciertos, nadie podría desdeñarlos. Pero la solución, lejos de aplicar la piqueta y abandonar la tarea, es renovar el compromiso con el interés general y con nuestro futuro.Ese futuro está ya ahí, y lo que hacen las páginas que el lector tiene en sus manos es pensar sobre sus posibles líneas de trazado, examinar los datos, establecer previsiones basadas en comparaciones fehacientes, sugerir escenarios y alternativas, en algunos casos, avanzar soluciones. En su diseño inicial se optó por no establecer una metodología homogénea para las diferentes aportaciones, ni se ha buscado seguir las directrices de ninguna de las diferentes Escuelas u orientaciones que con mayor o menor éxito se han aventurado en el camino de las previsiones de tendencias. Más bien, lo que se hizo fue buscar un grupo de colaboradores que plasmaran su pensamiento, que volvieran a pensar en común sobre unos temas escogidos, en el marco de la comunidad intelectual y abierta que ofrece esta renovada Nueva Revista, tan fiel al espíritu liberal y siempre comprometido con el cultivo serio y sistemático de la política, el arte y la ciencia, de su fundador, el muy recordado Antonio Fontán.Ahí se encuentra el núcleo regenerador de la vida social, en esa radical identificación con la cultura como medio de revitalizar, de nutrir de...

Más transparencia, más eficiencia, mayor control democrático

El autor ha referencia a la exigencia de la reforma de la Unión Europea de volver a reflexionar sobre los fundamentos que dieron origen al proceso de integración y sobre la finalidad de construir una auténtica democracia europea.

La nueva forma politica de Europa

Desde el Tratado de Maastricht, la dinámica de la integración europea ha experimentado un cambio fundamental. Maastricht fue el primer intento de encontrar una solución para el fin de la guerra fría, la caída del muro de Berlín y la unificación alemana. La antigua Comunidad Europea se transformó así en un germen de unión política europea. Pero la reciente Cumbre de Niza ha vuelto a poner de manifiesto la insuficiencia de las soluciones parciales que se han intentado adoptar ante el problema de la reorganización política de la UE. Insuficiente se manifiesta también el método funcional de la integración progresiva, basada en la creación del mercado único y su extensión a la política monetaria común. Se trata ahora, según José María Beneyto, de lograr una integración supranacional de las soberanías estatales de la que éstas, por paradójico que pueda parecer, saldrán reforzadas.

La comisión y la crisis de supranacionalidad

LA DIMISIÓN EN BLOQUE de la Comisión Europea constituye una novedad política e institucional cuyo alcance va mucho más lejos que las primeras reacciones, entre sorprendidas y satisfechas, de los medios de comunicación europeos.Es muy posible que dentro de pocos meses las mismas voces que se han expresado con cierta satisfacción sobre la estrepitosa caída de la criticada burocracia bruselense sean las mismas que añoren, lamentándose de su pérdida, a la vieja Comisión Europea. Aquella Comisión que -hasta momentos antes de la dimisionaria declaración de Santer- todavía representaba el ideal y la práctica de la supranacionalidad comunitaria, el eje esencial sobre el que se apoya toda la construcción europea.La astucia de la razón comunitaria ha mostrado ser a lo largo de los años muy resistente a las crisis y a los aparentes callejones sin salida que parecen ser ya el ambiente natural en el que se desarrolla la integración de los Estados europeos desde la Segunda Guerra Mundial. Por ello, no cabe dramatizar la situación. Pero sí es cierto que el sistemático debilitamiento al que ha sido sometida la Comisión en los últimos años -acentuado y puesto abiertamente de manifiesto ante la opinión pública desde el otoño pasado- expresa de manera palmaria que los fundamentos constitucionales sobre los que se asientan las instituciones comunitarias y el propio proceso de Unión Europea hace ya algún tiempo que se mueven sobre terrenos más que movedizos.Porque lo que en todo caso sí parece evidente es que una Comisión quizá reconvertida en secretariado administrativo del Consejo -objeto final e implícito para más de uno de los Estados miembros- será incapaz de asumir no ya sólo el interés comunitario o la defensa de los Tratados, sino en mucha menor medida todavía la protección de los intereses de los Estados más débiles, o con posiciones más difíciles de sostener ante la mayoría, función que la Comisión ha desempeñado en no pocas ocasiones satisfactoriamente: por ejemplo, en ese interminable ejercicio de desgaste y falta de sentido -común y comunitario- que ha recibido la mordaz denominación de «Agenda 2000».La Comisión ha sido, en efecto, hasta la fecha -y frente a todas las críticas que le reprochaban exceso de arrogancia, alejamiento de los ciudadanos y perverso tecnocratismo- el más firme soporte de todo aquello que garantizaba el compromiso, la protección de los diferentes puntos de vista nacionales, y, por encima de cualquier otra consideración, la idea y la práctica cotidiana de la integración europea como una puesta en común de las soberanías nacionales. A pesar de los pesares, el Ejecutivo europeo ha sido el instrumento principal de esa paradójica transformación de los intereses nacionales en comunitarios -y viceversa- en que consiste la sorprendente invención -revolucionario capítulo en el panorama de la diplomacia clásica- que es el fenómeno de la supranacionalidad.Una Comisión débil o transformada en secretariado del Consejo, sujeta por tanto a un todopoderoso Consejo de Ministros y a un impredecible Parlamento Europeo, será difícilmente capaz de mantener la autoridad para impedir que no se produzca una regresión...

Auschwitz, Berlín, Europa

Sobre la tragedia alemana, considerada hoy como tragedia colectiva europea. De cómo afecta su difícil historia al resto del continente. 

Nueva Revista

De Versalles a un mundo en busca de nuevos equilibrios

Antonio Truyol Serra nació en Alemania el 4 de noviembre de 1913. Sus padres, mallorquines, se dedicaban al comercio. Su infancia y adolescencia transcurrió en diversos países, regalándole un dominio envidiable de unos cuantos idiomas. Posee un curriculum espléndido e inabarcable: ha sido, entre otras muchas cosas, catedrático de Derecho Natural y Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho de las Universidades de La Laguna y Murcia, catedrático de Derecho y Relaciones Internacionales y de Derecho Internacional Público de la Facultad de Ciencias Políticas, Económicas y Comerciales de la Universidad Complutense; doctor honoris causa por la Universidad Literaria de Lisboa y por la Universitat de las liles Balears; académico de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que es vicepresidente; miembro asociado de la Real Academia de Ciencias, Letras y Bellas Artes de Bélgica; Gran Cruz de Oro por méritos de la República de Austria, Cruz de Honor austríaca de la Ciencia y el Arte de primera clase y Medalla de la Escuela Diplomática de Madrid. Antonio Truyol ha sido también magistrado del Tribunal Constitucional, ha impartido clases en un buen número de universidades españolas y extranjeras y forma parte de un sinfín de asociaciones, instituciones y revistas científicas de gran relieve internacional. Muchas de sus publicaciones han sido traducidas al inglés, francés, alemán y portugués. Entre sus obras cabe destacar: El Derecho y el Estado en San Agustín (Ed. Revista de Derecho Privado, Madrid, 1944), Los principios del Derecho Público en Francisco de Vitoria (Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1946), Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, tomo i (ed. Revista de Occidente, Madrid, 1954; 12° ed. revisada y aumentada, Alianza Editorial, Madrid, 1995), La teoría de las Relaciones Internacionales como Sociología. Introducción al estudio de las Relaciones Internacionales (Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1957; 3o ed., 1973), Los Derechos humanos. Declaraciones y Convenios Internacionales (Tecnos, Madrid, 1968; 3o ed., 1982), Der Wandel der Staatenwelt in neuerer Zeit im Spiegel der Voelkerrechtsliteratur des 19. Und 20. Jahrhunderts (Verlag Gehlen, Homburg, 1968), Dante y Campanella. Dos visiones de una sociedad mundial (Tecnos, Madrid, 1968), La sociedad internacional (Alianza Editorial, Madrid, 1974), Historia de la Filosofía del Derecho y del Estado, tomo // (ed. Revista de Occidente, Madrid, 1975; 4o ed. revisada y aumentada, Alianza Editorial, Madrid, 1995), Théorie du droit international public. Cours général (M. Nijhoff Publishers, Dordrecht/Boston/Londres, 1981), Histoire du droit international public (Editions Economica, Paris, 1995).José María Beneyto— Profesor Truyol, sus campos de interés han sido muy amplios. Vd. ha tratado el Derecho Internacional, las Relaciones Internacionales, la Filosofía del Derecho, ¿qué es lo que le llevó a tener esa vocación filosófica internacionalista y europeísta? Antonio Truyol— De las dos vocaciones, una no tiene una causa clara. Mis padres no tenían formación superior, en mi casa no había una gran biblioteca. El interés por la religión y la filosofía surgió en parte de mis lecturas y de las clases. No creo que mi vocación filosófica tenga una raíz clara, aunque...
Nueva Revista

Contra la globalización

El autor de este texto utiliza el concepto de gnosis para designar la Filosofía de la Historia entendida como un sistema completo y cerrado que asimila y neutraliza el problema del mal en el mundo. Desde este punto de vista, han existido tres gnosis: la primera se corresponde con el movimiento gnóstico de los siglos próximos al comienzo del cristianismo; la segunda es el idealismo alemán que culmina en Hegel; la tercera -y en ésta se centra en particular el artículo— la hallamos en la globalización promovida por el pragmatismo americano y la actual fase de desarrollo del capitalismo. El artículo exponesus características y advierte de sus peligros.