José Manuel Cuenca Toribio

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José Manuel Cuenca Toribio (Sevilla, 1939) fue docente en las Universidades de Barcelona y Valencia (1966-1975), y, posteriormente, en la de Córdoba. Logró el Premio Nacional de Historia, colectivo, en 1981 e, individualmente, en 1982 por su libro "Andalucía. Historia de un pueblo". Es autor de libros tan notables como "Historia de la Segunda Guerra Mundial" (1989), "Historia General de Andalucía" (2005), "Teorías de Andalucía" (2009) y "Amada Cataluña. Reflexiones de un historiador" (2015), entre otros muchos.

Biblioteca de Occidente: Vidas paralelas (Plutarco)

Comentario de José Manuel Cuenca Toribio a las "Vidas paralelas" de Plutarco (Siglo II) para la Biblioteca de Occidente en contexto hispánico.

Rimas (Gustavo Adolfo Bécquer)

La más popular de las obras del poeta sevillano forma parte de la conciencia colectiva literaria del país. Hasta hace muy escaso tiempo era difícil hallar a alguien con mínima cultura que no conociera y pudiera repetir algunos de sus versos más famosos. Cuando se llega a tal grado de empatía entre creador y público, el fenómeno responde siempre en buena parte al talento del autor de haber dado expresión a sentimientos muy hondos del espíritu y talante de las sociedades y de las mujeres y hombres que las integran. Para el gran público, Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) es el vate romántico por excelencia, en cuya obra los temas claves de dicho movimiento cultural y artístico se explanan con mayor precisión y acuidad. La visión de la muerte, la obsesión, por lo demás tan española, de lo tanático, de lo fugaz y perecedero, ocupan el lugar central en las Rimas. Escoltada por la nostalgia y la melancolía, es lógico que la opinión general identifique esta obra becqueriana con el canto a lo efímero y la vanagloria de todas las realizaciones humanas, por grandiosas que a primera vista sean. Poesía, sin embargo, de muy honda complejidad no obstante su aparente sencillez formal, la vertida en las Rimas es objeto de continuos estudios y controversias entre los investigadores, unánimes, empero, en la estima de su autor como uno de los cuatro o cinco más importantes de la contemporaneidad española.

Guerra y paz (Leon Tolstói)

En la andadura literaria y cultural del siglo XIX los grandes novelistas sustituyeron en ocasiones a los historiadores profesionales como forjadores de la conciencia nacional. Textos como los galdosianos Episodios Nacionales, los balzaquianos de la Comedia Humana o los dickensianos de la Inglaterra victoriana elaboraron un relato completo de las vicisitudes de sus sociedades en el tránsito del antiguo al nuevo régimen, de la civilización cualititativa característica de las centurias precedentes a la cualitativa propia de la modernidad.Situada en tal contexto, la obra de Tolstói ofrece su perfil y dimensión más exactos. Pues, en efecto, fue el principal monumento literario a la hora de definir la personalidad histórica y político-social rusa en el momento en que toda Europa asistía al triunfo del principio de la nacionalidad como eje vertebrador de la existencia y acción de los pueblos del viejo continente. De este modo, el carácter epopéyico de la novela del aristócrata (1828-1910), con intensas y sinceras pulsiones populistas, como un duelo a muerte entre el imperio de los Romanoff y la Francia napoleónica, regicida y revolucionaria, exaltó hasta el paroxismo el nacionalismo eslavo de la «tercera Roma» (Moscú, Rusia) como síntesis y compendio de la civilización cristiana. La perfecta simbiosis entre la trama narrativa y la cruzada militar contra el «Capitán del siglo» dio a la obra el merecido estatuto de clásica, con un instantáneo y masivo eco dentro y fuera de la Rusia de los últimos zares.

Trafalgar (Pérez Galdós)

Casi medio siglo después de su redacción, nadie quedará defraudado con el libro que abriera la serie de los Episodios Nacionales que escribiese el escritor grancanario Benito Pérez Galdós (1843-1920) entre 1872 y 1913 —fecha de aparición del sexto y postrer Episodio de la quinta serie de las que los componen—. Ningún otro texto podrá sustituirlo como perfecta introducción a la crisis del Antiguo Régimen en nuestro país. La monografía más documentada o la investigación más acribiosa sobre la postrera etapa de la dictadura godoyesca capta con mayor fidelidad la tábida atmósfera que envolviera la fase final del reinado de Carlos IV (1788-1808). A través de la acuciosa mirada del grumete Gabriel Araceli —personaje real conocido por el autor de Fortunata y Jacinta en su entrañable Santander—, Galdós describirá el desolador panorama de una monarquía a punto de precipitarse en una insondable hondonera, dando al traste así a su estatus de gran potencia y obturando por largos años los caminos de su modernización. Medularmente español, el descollante novelista —para muchos críticos, el segundo en la lista de sus figuras más destacadas, tras Cervantes—, salvará del naufragio general a su héroe Gabriel —símbolo de los valores del pueblo hispano— y a la marinería y oficialidad de la escuadra sacrificada en la célebre batalla (21-X-1805), con un canto epinicio a la hidalguía y patriotismo de sus jefes: Churruca, Gravina, Valdés...

Romancero gitano (Federico García Lorca)

En ciertos extremos la mencionada obra de Federico García Lorca (1899-1937) constituye el vértice de la producción lírica del poeta —y acaso también del escritor— contemporáneo español quizá más conocido a escala internacional. Publicado en 1928, en una de las décadas de mayor fuerza creadora de las letras y el arte hispanos de las dos últimas centurias, el libro es uno de los más representativos y, desde luego, de los más divulgados de los dados a la luz por la generación del 27. Proclive en ocasiones al tópico y al andalucismo de pandereta por entonces tan difundido, el torso de la obra concentra los máximos logros de las vanguardias en boga con los del sentimiento telúrico más alquitarado y la emoción personal más tremente ante la desgraciada tesitura en que vivía en la época la casi totalidad de la población gitana en su tierra promisoria de Andalucía. Los aciertos en la captación de ambientes y situaciones, de paisajes del alma y la tierra recorren todo el libro, con momentos estelares de originalidad y calidad lírica. En una coyuntura de extremada conflictividad social de la región —tácita o expresada—, la Andalucía profunda servirá de escenario al numen lorquiano para alumbrar uno de los libros de más alto gálibo de la poesía española del novecientos. No solo para los lectores extranjeros y los alumnos de español de las universidades extranjeras más acreditadas, sino también para las generaciones juveniles de nuestro país el conocimiento moroso de la obra implicará un notable enriquecimiento cultural y literario del poeta granadino víctima alevosa del cainismo hispano en los primeros días de la tragedia de 1936-1939. 

El viejo y el mar (Ernest Hemingway)

]Junto a sus grandes valores estilísticos, la prosa del gran escritor norteamericano (1899-1961) posee para los lectores de lengua castellana un atractivo suplementario: su apasionado interés por todo lo español y también por todo lo hispano-americano. Tras su descubrimiento de Europa —en especial, París, su indiscutible capital en el periodo de entreguerras—, la Península ibérica, su pasado, gentes y folclore se convirtieron en la temática predilecta de su biografía y, en parte, igualmente de su obra literaria. Su novela Por quién doblan las campanas, de axiología crítica discutible, constituye, sin embargo, un canto emocionado al pueblo español en su conjunto, sin distinción de bandos. La última de sus grandes obras se ambienta en la Cuba procastrista con un hilo argumental cargado de simbolismo y profundidad. El choque entre la inmensidad del mar y, a la luz humana, el misterio insondable de la vejez da lugar a una narración cargada de íntima poesía. La prosa podada de toda ornamentación, concisa y directa del autor de Adiós a las armas alcanzará su expresión más alquitarada en esta obra del premio Nóbel estadounidense que sería llevada al cine después de recoger fuertes aplausos de crítica y público.

Soledades (Luis de Góngora y Argote)

Aunque en muy rara ocasión suele darse unanimidad —por la intrínseca dificultad de la materia— en la valoración de los autores más reputados del Parnaso universal, es lo cierto que, en el caso español, aquella existe hoy día a la hora de enjuiciar la obra del poeta cordobés (1561-1627) como la de mayor vena inventiva, capacidad expresiva y fuerza lírica de toda la literatura española, una de las más importantes en dicho género de la universal. En la inmensa producción gongorina todo está uniformado por la perfección. Desde sus insuperables letrillas y romances burlescos o con eco fronterizo hasta sus cincelados sonetos y poemas mayores, no dejó cuerda lírica sin tocar con genio inimitable y superior. Poeta total, será en la Fábula de Polifemo y Galatea y, en particular, en las inconclusas Soledades en las que el conceptismo que le tiene como autor cimero y en donde, enfrentado a grandes desafíos de composición y lenguaje, su estro refulgió con mayor vitalidad. De las cuatro partes que, en su plan original, compondrían la obra, solo la primera y algo de la segunda llegarían a ver la luz; suficientes, empero, para asentarlo definitivamente en el trono de la poesía española. Pese a que Menéndez Pelayo no lo colocara en tan alto sitial, la crítica del siglo XX, como ya se apuntaba más atrás, así lo revalidó una y otra vez. La lectura de Soledades no es fácil, pero, desentrañadas sus claves a través del contacto frecuente con el texto, el esfuerzo obtiene inmediata y gozosa recompensa con el disfrute de un festín inacabable de belleza y riqueza idiomática.

Campos de Castilla (Antonio Machado)

En los manuales del bachillerato de una España con viva conciencia unitaria —y no por ello menos abierta a una concepción plural de su identidad e historia— era tributo obligado referirse al describir los caracteres definidores de la generación del 98, a la imantación por las gentes y tierras de Castilla experimentada por aquellos de sus integrantes nacidos fuera de la Meseta. De entre todos ellos, fue el sevillano Antonio Machado (1875-1939) en el que cumplió de manera más completa y acabada tal destino. Transcurrida buena parte de su vida profesional en institutos de enseñanza media de la región entonces y hoy comunidad de Castilla-León, experimentó por su paisaje y habitantes una honda afección como alcaloide, en su opinión, de lo español.La obra seleccionada vino a cerrar quizá su periodo de mayor identificación con la parte de la nacionalidad hispana. Dignidad —transmutada no pocas veces en altivez—, austeridad, reciedumbre, honestidad serán a sus ojos algunos de los principales valores que atesora el espíritu castellano y con los que el poeta sevillano se declara y siente singularmente vinculado: «Castilla del desdén contra la suerte, Castilla del honor y de la muerte, tierra inmortal, Castilla de la muerte»... Ante ello, no es de extrañar que el autor de Juan de Mairena exclamara: «Campos de Castilla, conmigo vais, mi corazón os lleva». Lectura, pues, de todo punto recomendable para toda suerte de público, sobre todo, el juvenil, en una hora en que el sentimiento nacional tan profundamente albergado en el alma de los miembros de la generación del 98 se enfrenta a envites de sorprendente magnitud.

El espíritu del 68: Pacifismo radical y revolución en los hábitos

Con ocasión del cuarenta aniversario de mayo del 68, el historiador José Manuel Cuenca Toribio profundiza en la originalidad y en los principios del ideario antisistema del 68 francés.

Por una legítima independencia

De cómo España reconstruyó su propia identidad y, ofreciendo un admirable ejemplo de voluntad nacional, se hizo acreedora de la gratitud de las naciones europeas.

La mercantilización de la Historia contemporánea

De cómo la aceleración del tiempo histórico parece revalidar una vez más la infalibilidad del viejo Tácito cuando afirmaba que una generación es una buena medida para acercarse a la comprensión de la aventura humana.

La Reconquista y la formación de una comunidad histórica española

Un repaso a la historia de España centrándose en la Reconquista y en los elementos que introdujo. La evolución de las Cortes peninsulares en su fase de gestación.

Un sevillano en Madrid

Más de la mitad de la fecunda existencia de Antonio Fontán ha transcurrido fuera de su región natal; gran parte de este tiempo se deslizó en el septentrión y en el centro del país. Ello provocó que algunos de los rasgos caracterizadores de su patria chica —muy en primer término, el inconfundible acento sevillano— desapareciesen de su comportamiento, sin que tan irremediable circunstancia afectase a su idiosincrasia, fuertemente impregnada por la actitud y el talante de lo andaluz. Poco o nada inserto en la corriente más generalizada y algo tópica del sevillanismo, la historia y los personajes de la trayectoria contemporánea de su lugar de nacimiento le imantan con particular vigor. Si, a pesar de su curiosidad universal, nada de la fiesta y del deporte nacionales suscita en su ánimo un interés singular, los grandes astros del toreo e incluso algunos de los héroes balompéditos de la ciudad del Betis, tanto del presente como, sobre todo, del pasado, despiertan en él simpatía y atracción, como expresión, en ciertos casos, de un espíritu telúrico que Fontán, escéptico como buen andaluz, está, sin embargo, muy lejos de negar.Con mayor intensidad, empero, le encandilan las figuras y episodios más notables hispalenses, de manera específica aquellos que forman parte de su biografía. Los cardenales Ilundáin y Segura, sor Angela de la Cruz, el infante don Carlos, don Manuel Giménez Fernández, don Francisco Murillo, don José Vallejo, el maestro de reverdecido recuerdo y permanente gratitud...; y al lado de ellos, una colmena de gentes sin nombre en los anales de la capital bética, pero sí en la envidiable memoria y recurrente evocación de uno de los humanistas más genuinos de la España del siglo XX. Apremiado de urgencias, la morosidad se apodera de su conversación cuando reconstruye episodios de su infancia sevillana —la Plaza Nueva, los jesuítas, los viajes a Guadalcanal de la Sierra...— e infunde vida a sombras elíseas que dieron sustancia a los sueños de mocedad y juventud. Entre ellas, ninguna quizá de más feliz recordación y vivida presencia que la de un nacido en la Sierra de Aracena, del que conocimiento y amistad fueron decisivos en la andadura de la personalidad cuya entrada en una roborante senectud conmemoramos en las páginas de una de las muchas empresas de alto gálibo intelectual le han tenido como patrono y timonel. Florentino Pérez Embid, pues de él se trata, fue, en efecto, no sólo uno de los hombres más vinculados a las fechas y decisiones claves en la trayectoria de Antonio Fontán, sino primordialmente su constante referencia, en el exilio, a la Sevilla del buen recuerdo, objeto de añoranza indesligable. Quizá nunca la traza serena y algo hierática —«el sevillano, fino y frío», dijo, con acertado escalpelo, aquel gran catador de paisajes humanos llamado don Miguel de Unamuno— del eximio latinista nunca se remeciera tanto que al calor de la charla inimitable y torrencial de Florentino, en pugilato permanente de verdadero sevillanismo con el maestro indisputado en los restantes —y, para él, a la...

La Revolución revisada

Federico Suárez
Vida y obra de
Juan Donoso Cortés

Editorial Eunate
Pamplona, 1997, 1088 págs.

Las vidas publicas

J. F. Deniau
Mémoires de 7 vies.
I. Les temps aventureux

Ediciones Plon
París, 1996,435 págs.


Una biografia sin Quincalla

F. Abadie et J. P. Corcelette
Georges Pompidou,
1911-1974
Le désir et le destin

Editions Balland
París, 1995, 461 págs.

Rusia, el fin del último estado imperial

A finales del siglo XX, Rusia es el único país que mantiene estructuras y dinámicas imperiales en su gobierno y territorio; sin embargo, la eclosión de sus numerosas nacionalidades y etnias a partir de la desaparición del régimen comunista pone en cuestión sus fronteras estratégicas y exacerba un ultranacionalismo ruso de profundas raíces patrióticas, que amenaza el porvenir de toda Europa.

Deux France

A. Mine y Ph. Séguin,
¿Deux France?
Ed. Pion
París,  1995, 340 págs.