Ángela Pujol

2 publicaciones 0 Comentarios

Celebrar el mundo mutilado. Una entrevista con Adam Zagajewski (II)

Su poema “Intenta celebrar el mundo mutilado”, se dio a conocer después del 11-S. En general, hay en su poesía esta coexistencia entre la vida y la belleza, por un lado, y el desastre y la catástrofe, por otro. ¿Cómo afronta usted esta escritura del desastre, y cómo cree que es posible dar testimonio de él? Yo nací justo después de la guerra. Las generaciones, en literatura, tienen su importancia. No se debe exagerar, es decir, no se puede pensar que participar en una generación es una cosa única y determinante, pero tampoco podemos negar el hecho de que los escritores y artistas pertenecen a generaciones. Yo veo mi generación como a la sombra de los desastres de la Segunda Guerra Mundial. Una sombra larga que aún hoy permanece. Es algo que me llevó tiempo comprender. Cuando era joven tenía otras preocupaciones literarias, pero terminé viendo que, si existe algo así como una lista de labores para los escritores, en la lista de mi generación está en primer lugar la de ser conscientes de esa sombra pero también contribuir a la reconstrucción de la vida. En mi caso, se podría decir que nací en medio de ruinas. No literalmente, puesto que la ciudad de Lvov, donde yo nací, no fue ferozmente bombardeada, aunque sí sufrió terriblemente el Holocausto, tal y como mis padres me contaron. Nací en el paisaje de después de la batalla, donde la pregunta “qué hacer ahora” era muy importante. Yo no quería consagrarme a la escritura de novelas sobre la guerra, eso no era lo mío. Creo que mi instinto era más bien el de construir, renacer, mirar la vida, pero no podía hacerlo sin tomar en consideración las ruinas. En la ciudad a la que mi familia debió trasladarse, en Silesia, sí había ruinas de bombardeos, americanos según parece. Como el comunismo no era un sistema económico muy fiable, esas ruinas permanecieron mucho tiempo allí. Varsovia en cambio se rehízo muy rápido, fue casi un milagro, y también Gdansk, en la costa, reconstruida de una muy bella manera, pero no las ciudades como aquella en la que yo crecí. Estaban las ruinas pero también el renacimiento con nuestro entusiasmo, el de los jóvenes. Es lo que leí y vi también en otros poetas de mi entorno en aquella época. En mí, desde luego, coexisten esos dos hechos: haber nacido en un paisaje de ruinas y estar fascinado por la plenitud de la vida. Como reconciliar ambas cosas, todavía hoy no lo sé. Es una de mis cuestiones principales. Eso nos lleva a la relación entre escritura y compromiso político. El hecho de haber comenzado su andadura poética en un régimen dictatorial comunista, donde la confesionalidad era quizás una disidencia, ¿ha marcado de alguna manera esa relación entre literatura y política? Bueno, hay que aclarar algo al respecto. En el caso de Polonia no había, como en otros países, un programa estético fijado como el del realismo social. Era casi un milagro, pero en Polonia, después de la...

Celebrar el mundo mutilado. Una entrevista con Adam Zagajewski (I)

El polaco Adam Zagajewski (Lvov, actualmente Ucrania, 1945) es autor de una valiosa obra ensayística, poética y narrativa, algunas de cuyas muestras más representativas han sido publicadas en España por editorial Acantilado. Le entrevistamos aprovechando su presencia en Mallorca durante el mes de septiembre: ha sido invitado a inaugurar con su estancia el proyecto Habitació 2016, que pretende reflexionar sobre la relación entre hotel y escritura, turismo y cultura, a fin de recuperar vías que hoy parecen rotas entre ambos espacios.¿Es Adam Zagajewski un turista? Nos encontramos con él en el hotel donde ha residido este mes: un lugar silencioso, de espléndida sencillez, en una antigua finca que representa uno de los enclaves más hermosos de la isla. Nos recibe con preguntas en torno al enigma que pesa sobre esta isla y por el que más de una vez los locales somos objeto de curiosidad: nuestro invierno. La sombra de George Sand y su Un invierno en Mallorca es alargada, y el paso de Chopin enfermo por tan húmedos parajes arroja sobre la isla un imaginario gris, frío, algo tenebroso. Querríamos, al ser preguntados, aportar una visión más luminosa. El artista Miquel Barceló, con quien Zagajewski se ha encontrado estos días, le ha contado que él se baña todo el año, que el agua nunca se enfría por debajo de los 18 grados. Escribir por las mañanas, nadar por las tardes, en eso ha consistido la rutina del poeta estas semanas. Nos asegura que ha descubierto un pequeño rincón, una de esas calas minúsculas donde uno se encuentra de pronto en la más absoluta y sorprendente soledad, y le aconsejamos que no revele el secreto, ni siquiera a nosotros. Su mirada es escrutadora, y su rostro transita entre la seriedad, la timidez y la afabilidad. Se toma su tiempo en escoger las palabras, así que la cadencia de sus respuestas es sosegada, pero no vacilante.¿Cree usted que en el contexto de masificación y uniformidad que genera hoy el turismo es posible todavía el viaje como tal? Si fuera así, ¿cuáles serían sus espacios y procedimientos?Es una cuestión complicada. Respecto del turismo, ocurre que cuando estamos dentro de la masa de turistas tendemos a pensar que no somos como los demás, que somos en cierta manera mejores, pero no somos los únicos que tenemos ese pensamiento. Hay, por supuesto, personas que no son muy reflexivas y que por tanto no se hacen preguntas cuando viajan, pero es probable que dentro de esa masa estemos rodeados por otras personas que, como nosotros, piensen que son diferentes a los demás, que no son turistas comunes. Caemos en cierto esnobismo, en cierta arrogancia. En relación con su pregunta, creo que sí, que el viaje todavía es posible, y que siempre habrá viajeros y escritores de viajes, aunque yo no me considero un viajero. A lo largo de mi vida he vivido en diferentes ciudades: Cracovia, París, Chicago, e incluso Texas, en Houston. Prefiero habitar los lugares que moverme de un lado a otro....