Álvaro Lucas

12 publicaciones 0 Comentarios
Periodista. Director de Nueva Revista entre 2006 y 2009
Nueva Revista

Un compromiso de futuro

 El día que conocí a Antonio Fontán fue también uno de esos días lluviosos de noviembre, hace ya cuatro años. Un amigo me llamó para decirme que don Antonio buscaba un director para Nueva Revista y me decidí a llamarle. Me recibió en un piso de la calle Fleming que más que un despacho parecía una tienda de libros usados —estuve hace poco y no ha cambiado nada, los libros existen para leerlos y trabajarlos—. Sentados en un par de sillones orejeros pasamos dos tardes enteras hablando de la revista, de sus principios, de su interminable abanico de colaboradores y de sus entonces ya más de cien números que veía aparecer en las manos de don Antonio como si fuera un prestidigitador sin saber muy bien de qué montón de libros, detrás de qué fotografía o de qué estantería los sacaba. Así fue cómo conocí personalmente a don Antonio y cómo, de un modo que todavía no me explico, decidió incorporarme a su ya maduro proyecto que era Nueva Revista —la publicación tenía dieciséis años—. Contaba yo en mis alforjas con mis estudios en periodismo y publicidad, algunos años dedicados a la comunicación, la creación de un pequeño foro de opinión (el COP) y, eso sí, una ilusión tremenda por trabajar cerca de una persona que destilaba sabiduría en cada palabra que pronunciaba. Como digo, aquello ocurrió hace cuatro años y en estos días Nueva Revista, «la revista de Fontán», celebra su vigésimo aniversario. Veinte años en los que don Antonio, junto con un numeroso grupo de valiosas personas, ha mantenido encendida una pequeña llama de cordura y moderación liberal en un momento clave del desarrollo democrático de España. Que Fontán es mucho más de lo que representa Nueva Revista es algo de lo que no cabe ninguna duda, pero sí me atreveré a afirmar que, pasado el tiempo de estar en primera línea, ha sido a través de esta publicación donde ha conseguido mantener unidas las esencias de todo aquello que le ha hecho grande y donde, más que en ninguna otra ocasión, ha logrado transmitir sus convicciones. Gracias a ello, Nueva Revista ha sido siempre, desde el principio —lo he bebido de las fuentes— más que una mera publicación, una corriente de pensamiento, un estilo de hacer y entender las cosas, un espíritu en definitiva que se extiende a través de todas las personas que han participado y colaborado en sus páginas y su entorno. Se podría decir que todos nosotros hemos contraído una deuda importante con Fontán, pero nos equivocaríamos al escoger esa palabra, porque lo que de verdad ha logrado con su ejemplo y sus enseñanzas es trasladarnos su compromiso para que lo hagamos nuestro. Un compromiso con la libertad, un compromiso con nuestro país y nuestra sociedad, un compromiso con la cultura y nuestras raíces cristianas. No estamos viviendo un buen momento, desde luego, y se podría decir que la participación en la vida pública de todo aquel que enarbolara estos principios tendría los días contados. Puede ser que sí, pero a fuerza de no desistir es posible invertir la situación. Hace unos meses, el propio Fontán me regaló una cita de Séneca correspondiente a las Epístolas a Lucilio y...
Nueva Revista

Conversación con Javier Fernández Lasquetty (Consejero de Inmigración y Cooperación de la Comunidad de Madrid)

«El modelo de desarrollo que está sacando y ha sacado a muchísimas personas de la pobreza está basado en la libertad y no en el intervencionismo»

Una región particular ¿Qué pasa con Navarra?

Hace escasas semanas tuvo lugar la ruptura del pacto político que desde el año 1991 mantenían el Partido Popular y Unión del Pueblo Navarro (UPN), un acuerdo cuyo eje principal consistía en que los populares no concurrieran a las elecciones municipales y autonómicas en territorio navarro porque lo harían en su lugar los regionalistas navarros; y, como contrapartida, en política nacional, UPN se comprometía a que sus diputados en el Congreso votasen lo acordado por el PP, especialmente en temas considerados importantes. Con este acuerdo, UPN y PP acababan con la facilidad del Partido Socialista de Navarra (PSN) para gobernar por ser siempre la lista más votada.Han sido 17 años de entendimiento, pero los tiempos cambian, y, en concreto, España ha evolucionado hacia un modelo autonómico en el que el papel del Estado central prácticamente ha cedido su protagonismo a las autonomías —cada vez con más aspiraciones soberanistas—, aunque esta misma cesión haya hecho patente la necesidad de volver a fortalecer el Estado en temas claves como la educación, el sistema fiscal, la seguridad social, la distribución del agua, la reacción ante emergencias de diferente índole, etc., pero ello no es motivo directo de este análisis.España ha cambiado, nadie lo duda. Y en este nuevo escenario, los representantes de Unión del Pueblo Navarro, encabezados por Miguel Sanz, parecen reflexionar sobre su posicionamiento en el escenario nacional y, por tanto, sobre las ventajas e inconvenientes de mantener su compromiso con el Partido Popular —una vez más el pragmatismo po- lítico se impone—. Lo que queda claro es que, independientemente de que puedan existir razones que la hagan más o menos comprensible, la decisión de ruptura la toma UPN y no el PP, que únicamente actúa en consecuencia una vez que los regionalistas navarros, no sólo no cumplen su parte del acuerdo —votar con el PP contra los Presupuesto Generales presentados por el Gobierno socialista para 2009—, sino que lo hacen a bombo y platillo como si del ruido hecho dependiera alguna contrapartida ulterior.La óptica de UPNEs cierto que la situación de UPN no es fácil en el nuevo escenario político. El estatus actual como oposición del Partido Popular a nivel nacional no facilita que sus socios regionales (UPN) sean tratados con garantías por el Gobierno socialista, mientras que desde todas las comunidades autónomas se presiona para obtener réditos de toda clase y condición. Tampoco permite un diálogo fluido de UPN con los socialistas navarros (PSN) para seguir manteniendo la «presa» política que contiene los deseos de los nacionalistas (Nafarroa Bai) con respecto a Navarra. No se debe olvidar que uno de los motivos del nacimiento de UPN fue la defensa de una Navarra ajena al proyecto soberanista del País Vasco que ha pretendido siempre que la comunidad foral fuera el estandarte de lo que se viene a denominar «Euskal Herría». No en vano se suele decir que el navarro es navarro y español pero también «antivasco», en el sentido nacionalista del término, no así culturalmente hablando porque Navarra se enorgullece...
Nueva Revista

Laicidad y laicismo por cuarta vez

La reciente visita de Benedicto XVI a Francia ha servido para poner de relieve una vez más la diferencia que existe entre el concepto de «laicidad» y el de «laicismo». El primero hace referencia a la separación entre el Estado y las Iglesias, y el segundo se puede definir como la acción del estado en pos de la exclusión de todo lo religioso en el ámbito público.En los últimos años, con intención de facilitar una mejor comprensión del significado de ambos términos, se ha acuñado uno nuevo, el de «laicidad positiva». Parece que se hace por la necesidad de mostrar a la sociedad que la separación entre el Estado y las Iglesias no tiene ninguna connotación negativa, más bien al contrario. Y que se equivocan aquellos políticos que esgrimen la laicidad para justificar decisiones que persiguen perjudicar a instituciones religiosas o a ciudadanos que no ocultan su condición de creyentes.Nueva Revista ha venido profundizando en estas ideas desde hace algún tiempo gracias a la aportación de algunos de sus colaboradores, expertos en la materia. En el número 86 de la publicación, correspondiente a los meses de marzo y abril de 2003, Andrés Ollero, catedrático de Filosofía del Derecho y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, comienza su artículo titulado «Laicidad y laicismo» parafraseando una denuncia que alguien hacía de la siguiente manera: «Se pide a una buena parte de los ciudadanos que renuncien a contribuir a la vida social y política de sus propios países, según la concepción de la persona y del bien común que consideran humanamente verdadera y justa, a través de los medios lícitos que el orden jurídico democrático pone a disposición de todos los miembros de la comunidad política».Ollero argumenta que estas palabras harían saltar las alarmas de todas las democracias pero que en este caso concreto no lo hacían —muy al contrario— porque el autor de aquel reproche era el por aquel entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.Años después, en el número 103 de Nueva Revista, Rafael NavarroValls vuelve a recurrir al título «Laicidad y laicismo» para dejar constancia de «un discreto renacer de la noción de laicidad como contrapuesta al laicismo» que hacía más comprensible que el Tribunal Constitucional de nuestro país hubiera puesto el acento en su vertiente más positiva, recalcando que la aconfesionalidad —laicidad— del Estado no implica que las creencias y sentimientos religiosos no puedan ser objeto de protección sino que, antes al contrario, el respeto de esas convicciones se encuentra en la base de la convivencia democrática.Ambos autores hacen especial énfasis en distintos aspectos de esta cuestión. Andrés Ollero denuncia un «déficit de laicidad» por parte incluso de la Iglesia, no en cuanto a jerarquía, sino en sentido amplio, de aquellos ciudadanos que la forman —fieles— que no resultan serlo tanto en el ámbito público y que en muchos casos esgrimen como justificación de su comportamiento una falsa laicidad, mientras que Rafael Navarro-Valls, por...

No hay una revolución creadora sino una creación evolutiva

ÁLVARO LUCAS ÁLVARO LUCAS · ¿Cuál es el estado actual del debate en torno al origen del hombre? DANIEL TURBÓN · • La polémica actual que tiene lugar sobre todo en Estados Unidos, donde hay estados que rechazan cualquier explicación evolutiva del origen del ser humano, no es más que un grito de «basta ya», de evitar el adoctrinamiento escolar de los hijos. Y hasta cierto punto no les falta razón, porque cuando se enseña evolución no se distingue «evolucionismo», que es sinónimo de ideología, de «evolución» que en sí misma es una ciencia de la naturaleza.AL ·  ¿Cómo se define entonces de manera rigurosa la evolución?DT  · La evolución no es otra cosa que el cambio en el tiempo de los organismos. Nosotros mismos evolucionamos a lo largo de nuestra vida, pero a eso le llamamos crecimiento, desarrollo y, en la última etapa, senectud. En este punto todo el mundo está de acuerdo. La polémica se produce porque lo que se ha dado en llamar «diseño inteligente» también es ideología, puede ser filosofía de la naturaleza pero no es en ningún caso una ciencia experimental, una ciencia de la naturaleza, conclusión a la que se llegó tras un juicio que tuvo lugar no hace mucho en EE.UU. en el que intervinieron muchos científicos, y cuyo dictamen final se pronunciaba sobre si el DI se podía o no definir como ciencia. Sus partidarios no pudieron presentar ni una sola publicación en una revista científica.    AL ·  ¿Por qué el DI no se puede definir como una teoría científica?DT · • Porque no sigue el método científico, que consiste en inducir y deducir fenómenos de la naturaleza que se pueden verificar en repetidas ocasiones y por observadores distintos. Aunque los que apoyan la postura totalmente contraria a la del DI tampoco han aplicado bien el método científico, porque han tomado la parte por el todo. Como ya dijo Karl Popper, el método científico es excesivamente reduccionista y se limita a los experimentos que uno puede hacer. Yo no puedo afirmar científicamente que todos los cuervos son negros porque tendría que haberlos visto todos, pero sí puedo afirmar desde un punto de vista científico que, muy probablemente, la mayoría de los cuervos son negros. Esto es lo que no respeta el mundo de la biología o al menos ciertos biólogos, algunos de ellos muy contrarios al pensamiento religioso y que terminan por dejar a un lado la ciencia para enredarse en posturas ideológicas.En resumen, un error, como es la postura del DI, trata de combatir otro error, el del ultraevolucionismo. En descargo del DI se puede decir que es un movimiento defensivo mientras que el otro es un ataque exacerbado e intencionado que desea justificar una manera de vivir pero eso ya no es ciencia sino ideología.AL · La idea de que alguien rellenara los huecos inexplicables de la evolución termina por ser pueril si posteriormente se encuentra una explicación científica. ¿No es el DI una manera de echar más leña al fuego de un...

Huid del escepticismo

Se cumplen treinta años desde que se editara por primera vez esta pequeña obra de Christopher Derrick (Ediciones Encuentro, 1982 y 1997) que incluye como subtítulo Una educación liberal como si la verdad contara para algo. No era idea original suya y por ello pide disculpas a su gran amigo E. F. Schumacher autor del libro Lo pequeño es hermoso: una economía como si la gente contase para algo. Este libro de Derrick es en realidad una carta de agradecimiento en la que recoge sus reflexiones sobre la educación liberal a partir de sus experiencias en el transcurso de una estancia en el Thomas Aquinas College de Calabasas, California, institución educativa ajena a las nuevas modas académicas y docentes de otros lugares. El autor tiene claro qué significado debe tener el concepto «liberal» aplicado a la educación. No se trata de educar a través de la libertad sino de hacerlo para la libertad. El resultado de ello, según Derrick, será «alguien que no estará cualificado para ejercer una profesión específica. Pero, por otra parte, se le habrá estimulado a desarrollarse como persona de la manera más completa posible. Será alguien que leerá mucho, informado, sensible; apreciará el arte, entenderá algo del mundo, su historia y sus problemas; tendrá muchas simpatías y espíritu tolerante y, si surgiera cualquier cuestión pública o política, sabrá darle otra salida que la del simple prejuicio o interés particular. Tendrá cierta facilidad en las difíciles artes de leer, escribir y pensar: dispondrá de recursos internos y será alguien con quien valga la pena hablar». Derrick protagoniza a su vez una de las vidas paralelas de las muchas que componen Escritores conversos, de Josep Pierce (Palabra, 2006), en el que se relatan minuciosamente aquellos años del renacimiento intelectual anglosajón que supo reflotar su cultura en momentos de barbarie como los vividos en el transcurso del siglo XX y, como su título indica, describe el transitar paulatino de muchos de aquellos intelectuales desde el protestantismo anglicano al catolicismo. Una iniciativa como el Club Socrático de la Universidad de Oxford, presidido por C. S. Lewis, fue una muestra de la inquietud de los personajes de aquella época, un foro abierto a la discusión de objeciones intelectuales relacionadas con la religión y el cristianismo en particular. Pero no fue la única, también existieron otras muchas, como La Espada del PEspíritu, de la que fue presidente Christopher Dawson que describía los fines de la asociación como «un regreso a los principios sobre los que se ha edificado la civilización occidental y nuestra propia vida nacional; y, por lo tanto, opuesta tanto a la deliberada apostasía del estado totalitario como al materialismo superficial de nuestra cultura secularizada». Dentro de unos meses, quizá algún año, el debate en torno a los avances de la Unión Europea regresará de nuevo intentando hacerse un hueco entre tantas pugnas nacionales. Con los nuevos liderazgos consolidados, o por consolidar, nuestros orígenes volverán a ser motivo de discusión como lo fueron ya antes de los primeros referendos para la aprobación de la...

El apartamento

Tras comprobar la temática de los tres artículos que componen esta sección: la situación actual de España en Europa, las previsiones sobre la ruptura de la unidad de mercado a corto plazo y la encrucijada actual en la que se encuentra nuestro marco constitucional, me viene a la cabeza una de las más famosas películas de Billy Wilder, protagonizada por Jack Lemon y Shirley McLaine: El apartamento. Y me preguntaba... ¿podrá de verdad España convertirse en eso... en un apartamento? En el largometraje de Wilder, estrenado en 1960, Woody Baxter es un empleado contable de una gran empresa de seguros ubicada en Nueva York. Ha descubierto que la forma de «ascender» en la empresa consiste en ceder su apartamento por horas a varios directivos. ¿Les suena esta melodía argumental? ¿No les parece que la situación de nuestro país es similar a la del apartamento del filme? Los jefes (socios en sus andanzas) del protagonista son gente sin escrúpulos que para poder disponer de un apartamento a sus anchas y sin compromisos -o más bien para atender a estos últimos- están dispuestos a ayudarle de manera sibilina. En realidad no piensan en él o en lo que se podría denominar «interés general» sino única y exclusivamente en sus intereses particulares. No practican entre ellos la solidaridad ni, por supuesto, con el pobre Baxter, que no hace más que pescar catarros en el frío clima de la soledad. Baxter presta a todo el mundo su llave para que dispongan de ella y ninguno hace caso de su única condición: dejar la llave debajo del felpudo de la entrada. Nadie obedece y volver al apartamento se convierte en su odisea cotidiana. Y... ¿cómo ven desde fuera el apartamento? Pregúntenle al vecino de al lado, el doctor Dreyfuss, que no termina de creerse lo que pasa noche tras noche en aquel reducido espacio inmobiliario. ¿Nos verán desde Europa igual que el doctor percibe incrédulo las aventuras de Baxter? Esperemos que a pesar del «sonoro terrorismo» y el transitar constante de personas por nuestras fronteras, cuando llegue el momento de la crisis vengan a curarnos de nuestros males sin hacer muchas preguntas. Tiene gracia que el título de la película sea un sinónimo de «solución habitacional». Precisamente aquello en lo que se puede convertir España si a «nuestro» señor Baxter no se le ocurre guardar la llave bajo llave: un conjunto de apartamentos dentro de un edificio, totalmente independientes unos de otros, cada uno a un precio distinto, reformados a su aire, con unos servicios diferentes, unos con agua y otros sin ella, y ni oír hablar de...

Escritores de cine. Relaciones de amor odio entre doce autores y el celuloide

Nacido en Zaragoza en 1966, José María Aresté ha dedicado gran parte de su vida al cine a pesar de ser licenciado en Ingeniería de Telecomunicaciones, lo que pone de relieve una vez más que no es incompatible cursar una carrera de ciencias y dedicarse al arte, en este caso al último en llegar, el sépitmo. No lo hace como director ni como guionista pero Aresté se introduce entre las bambalinas vitales de doce autores literarios y su relación con el celuloide. Personajes de la talla del recientemente galardonado con el Premio Príncipe de Asturias, Paul Auster, o el genial Truman Capote, pasando por Bradbury, Faulkner, Greene o Steinbeck, entre otros. La vida de los artistas tiene un atractivo que en muchos casos va más allá de su obra. Un claro ejemplo es la generación de pintores impresionistas que con sus vidas y andanzas revolucionaron el París de su época. Aresté muestra un proceso a la inversa: es Hollywood quien atrapa a los literatos en sus redes cinematográficas prometiéndoles fama y dinero fácil. Todos van cayendo, uno a uno, en sus redes, con mayor o menor intensidad, aunque como dice el subtítulo de este libro las relaciones son de «amor y odio». Gracias a esas citas entre los autores y la gran pantalla, en algunos casos auténticos encontronazos, la audiencia ha podido disfrutar de películas como Desayuno con diamantes, a pesar de que Capote no lograra que Marilyn Monroe fuera la protagonista, Smoke, Moby Dick, Estación Termini, etc. Aresté pone sobre la mesa una cantidad ingente de información y detalles sobre los protagonistas del libro. Y logra hilvanar las historias sin aburrir al lector al que únicamente se le pone como condición previa tener conocimientos de historia del cine. Además, el autor ha contado con un prologuista de excepción como es el escritor y gran conocedor del cine Juan Manuel de Prada.

Cartas a un joven católico

]Tras la publicación de su biografía sobre Juan Pablo II, George Weigel se ha convertido en una eminencia periodística en los temas que atañen a la sociedad actual.Su clarividente visión de los problemas que acucian a una Europa en pugna consigo misma, y su compromiso con los valores de Occidente, le han valido el reconocimiento de multitud de lectores en EE.UU. y la traducción al español de algunas desus obras, como es el caso de Cartas a un joven católico.Cuando el lector se dispone a ejercer de destinatario de las cartas que Weigel reúne en este libro, queda sorprendido solamente al pasear su mirada por los títulos de las mismas. En ellas, se plantean algunas referencias comunes en el imaginario católico como Roma, Jerusalén o Cracovia —por Juan Pablo II—. Pero otras como Baltimore, Birmingham, Londres o Carolina del Sur pueden resultar menos familiares al lector. La yuxtaposición que hace Weigel de lugares comunes con lugares hasta cierto punto desconocidos proporciona una visión universal del catolicismo. Sus alusiones al mundo y la cultura anglosajones logra ubicar al lector en un escenario diferente, envuelto en otras circunstancias. Todo ello para lograr transmitir la universalidad de la fe poniendo de manifiesto que en muchas partes del mundo, otras personas la profesan de manera similar.Pero Weigel no se queda únicamente en el recurso «geoespiritual»para conectar con el lector sino que su intención a lo largo de las catorce cartas es glosar algunos de los pilares fundamentales de la fe católica. Su modus operandi utilizar las referencias antes mencionadas: lugares, personas y obras literarias para trata de explicar que «más allá de ser uncuerpo de doctrina y un modo de vida, la verdadera diferencia católica consiste en que es una manera de entender el mundo, una percepción específica de la realidad».De esta manera nos habla del «hábito delser»que él adquirió en el «gueto»católico de su Baltimore natal. Y de cómo el catolicismo es un antídoto contra el nihilismo actual. La lucha del «todo es verdaderamente importante»contra el «nada lo es».Weigel realiza una visita al subsuelo de San Pedro para confrontar al lector con algunas de las verdades más decisivas sobre lo que significa ser católico. Con la intención de desmitificar el liberalismo teológico, nos introduce en la vida de John Henry Newman a través del oratorio de Birmingham fundado por el cardenal. Pero no todos los lugares por los que nos acompaña Weigel son lugares oficialmente sacros. También nos lleva al Olde Chesire Cheese, pub de Londres en el que pasaba muchas veladas Chesterton para decirnos que «el catolicismo acepta el mundo y las realidades mundanas con mucha más seriedad que los que presumen de ser mundanos». O alugares emblemáticos de Inglaterra que han inspirado a la literatura o al cine, como el Castle Howard de Retorno a donde nos revela el proceso de una conversión a través de la escala del amor, «unahistoria en la que pequeñas chispas de bondad se transforman poco a poco en llamarada de auténtica conversión».Weigel logra, en...
Nueva Revista

Las palabras de Benedicto XVI

 Nueva Revista no puede ni desea quedar al margen de las valoraciones realizadas tras las palabras de Benedicto XVI, en la Universidad de Ratisbona el pasado 12 de septiembre, que han suscitado la polémica hasta el punto de ser el centro del debate internacional en los últimos días.Benedicto XVI ansiaba llevar a cabo esta visita a su tierra natal por el cúmulo de recuerdos y experiencias vividas a lo largo de su infancia y juventud —el recuerdo de sus padres y de su hermana ya fallecida, departir nuevamente con su hermano Georg en un contexto familiar—. Y también, por su puesto, volver al ámbito académico que ha sido su medio de vida durante muchos años y, a tenor de su discurso, lo sigue siendo todavía. Pues bien, lo que se suponía iba a ser un viaje entrañable ha sido la excusa de algunos para, en un mundo globalizado en el que lo fácil es juzgar los hechos a partir de los titulares de prensa, intentar sin éxito que el Papa no fuera profeta en su tierra.La intención de las palabras del Papa no escapa a nadie que haya leído su discurso completo. Benedicto XVI, en lo que algunos especialistas han calificado como «un discurso académico impecable», trata de plantear la inevitable relación entre la fe y la razón, un diálogo que proviene del origen helénico de Europa, anterior al cristianismo y que la propia Europa ha marginado despectivamente limitando la razón al corsé del empirismo y, en definitiva, al método que aspira supuestamente a ser científico.Algunos, pocos en realidad, pero como siempre teledirigidos, han protestado exageradamente por las palabras del papa Benedicto XVI pero «de hecho», dice Jeff Israely en Time, «los treinta y cinco minutos de discurso del Papa podrían representar el paso más importante en el diálogo interreligioso desde el primer encuentro celebrado en Asís con esta finalidad y bajo el patrocinio de Juan Pablo II».De igual modo, Phillip Blond, explica en el International Herald Tribune que el discurso de Benedicto es una llamada a una nueva clase de diálogo interreligioso. «Con su discurso el Papa plantea la necesidad de impulsar otro nuevo compromiso entre las distintas confesiones. A su vez, el Papa reconoce que los cincuenta años de diálogo liberal no han logrado absolutamente nada porque el marco en el que se ha desarrollado la relación entre religiones ha sido una variante del fundamentalismo secular».Para glosar la diferencia entre Occidente y Oriente, el Papa alude a los orígenes helenísticos de la cultura occidental incorporados por el cristianismo en un nivel filosófico. Unos orígenes que conllevan la complementariedad ineludible entre la fe y la razón. En sus escritos teológicos, Ratzinger recuerda la apuesta del primer cristianismo a favor de la razón. Para creer hay que pensar. Por la razón tenemos conocimiento de Dios, pero este conocimiento se debe completar a través de la fe. Esta cuestión, en aras a un diálogo transparente entre religiones, lleva a Benedicto, además de a señalar los puntos en común, a identificar...
Nueva Revista

Benedicto XVI y el muro invisible

En los últimos años se ha difundido la idea de la necesidad de una Europa unida y como consecuencia de ello, se ha tratado de dar un impulso al proceso de construcción europea. Benedicto XVI juega un papel importante porque fortalece el desequilibrio entre la capacidad científica y técnica, y la fuerza moral.

Nueva Revista

Alisios para Europa

No existe el viento favorable para el marinero que no tiene un rumbo que seguir». Así epilogaba el europarlamentario italiano, Lapo Pistelli, su intervención en el grupo de trabajo que debatía sobre el modelo económico y social que debe propugnar Europa si quiere seguir siendo Europa.Era el pasado lunes 8 de mayo, en la sala 3 C 5 0 del edificio Paul Henri Spaak del Parlamento Europeo. Enfrente, otro grupo debatía sobre las fronteras del continente, y en otras salas se discutía sobre libertad, seguridad y justicia; y sobre los futuros recursos financieros de la Unión. Más de doscientos parlamentarios —nacionales y europeos— intercambiaban opiniones intentando atisbar un futuro para Europa. U n porvenir, si no debilitado, al menos, ralentizado por la negativa de los ciudadanos franceses y de los Países Bajos a refrendar el Tratado Constitucional.El miedo era tal a entrar en un debate a vida o muerte sobre la situación crítica de Europa que ya en el prefacio el presidente del Parlamento, Josep Borrell, había advertido a los participantes de que aquello no era más que un pre de un pre y que no se debían sacar conclusiones que fueran a condicionar políticas o estrategias ulteriores. A lo mucho, una breve recapitulación de diez minutos por grupo de trabajo llevada a cabo por los ponentes correspondientes. Todo ello para que desde el hemiciclo de la Unión se diera por válido oficialmente el inicio del periodo de reflexión.Europa hace examen a pesar de la inminente ratificación por parte de los estonios y de las futuras adhesiones previstas. La duda es el denominador común en las mayorías de las intervenciones. ¿El modelo del que hablamos es un único modelo o son varios? Unos apuestan por la unidad, otros por la diversidad ¿Responde dicho modelo al reto de la mundialización? ¿Se debe ver la globalización como un peligro o como una oportunidad? ¿Puede tildarse de exitoso un modelo económico que arrastra como un lastre su alta cifra de desempleados?Europa necesita contestar a todas esas preguntas que sus hijos le hacen pero no puede hacerlo sin la ayuda de todos. En el mejor de los casos, hasta 2009 no está previsto que la Constitución sea una realidad. Pero, para ello, la ficha tiene que volver a la casilla de Francia y Países Bajos. ¿Qué pasará? Volver a votar puede llegar incluso a ser ridículo, pero por Europa puede que haya alguien dispuesto. A ello se suma que, además, en el resto de países miembros —aquellos que ya se han beneficiado de alguna manera de Europa— no existe tensión ni preocupación por el futuro del continente, la mayoría de la gente desconoce que Europa ha desaparecido de la actualidad y mucho menos el nombre de su raptor.Algunos animan a que mientras el tiempo pasa se impulse proyectos y avances concretos en determinadas políticas. No es mala la intención pero resulta que es el Tratado Constitucional el que reúne todas las condiciones necesarias para avanzar en esos proyectos al unísono. Sin la ratificación...